Tras la granizada, activan plan para recuperar maíz en Apurímac
El INIA despliega análisis de suelos y asistencia técnica para recomponer la productividad en zonas golpeadas por eventos climáticos extremos.
El Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA) puso en marcha un plan técnico para recuperar la productividad de hectáreas de maíz afectadas por granizadas en la región peruana de Apurímac, una de las zonas agrícolas más golpeadas por eventos climáticos recientes.
Las acciones se concentran en los distritos de Lucre y San Juan de Chacña, en la provincia de Aymaraes, donde una inspección realizada por la Estación Experimental Agraria Chumbibamba permitió constatar daños tanto en los cultivos como en la estructura y fertilidad del suelo.
El enfoque del organismo combina diagnóstico técnico y transferencia de tecnología, con el objetivo de restituir la capacidad productiva de los lotes y mejorar la resiliencia de los sistemas agrícolas frente a fenómenos climáticos cada vez más frecuentes.
Uno de los ejes centrales del plan es el análisis detallado de suelos, que será realizado en los Laboratorios de Agua, Suelos y Foliares del INIA. Allí se evaluarán variables críticas como pH, conductividad eléctrica, materia orgánica, disponibilidad de nutrientes (nitrógeno, fósforo y potasio), además de cationes intercambiables, capacidad de intercambio catiónico y textura.
Estos indicadores permitirán construir un diagnóstico preciso sobre el nivel de deterioro y definir estrategias de remediación adaptadas a cada parcela, optimizando el uso de insumos y mejorando la eficiencia agronómica.
La intervención cobra especial relevancia donde las granizadas no solo impactan el rendimiento inmediato, sino que pueden generar efectos persistentes sobre la calidad del suelo, afectando ciclos productivos futuros.
En paralelo, el INIA avanzará con la capacitación de productores en el uso de tecnologías orientadas a mejorar el desempeño del cultivo. Entre ellas, se destacan el acceso a semillas de alta calidad, con mayor tolerancia a plagas, mejor adaptación a condiciones climáticas adversas y potencial de rendimiento competitivo.
La estrategia también incluye la transferencia de prácticas clave para la sostenibilidad del sistema, como técnicas de muestreo de suelos, uso de enmiendas orgánicas, manejo de malezas y buenas prácticas agrícolas, además de recomendaciones para cosecha y postcosecha.
El caso de Apurímac refleja una tendencia creciente en la región andina, donde los eventos climáticos extremos -como granizadas, heladas o lluvias intensas- comienzan a redefinir la planificación productiva.
En este escenario, la combinación de diagnóstico técnico, manejo agronómico y adopción de tecnologías aparece como una herramienta central para sostener los niveles de producción y proteger los ingresos de los agricultores.
Las acciones impulsadas por el INIA buscan no solo responder a la emergencia, sino también sentar bases para una agricultura más resiliente, capaz de adaptarse a condiciones variables sin comprometer la productividad.

