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El invierno golpea a los cultivos en Uruguay: humedad y poco sol elevan el riesgo

Canola y carinata atraviesan semanas críticas tras las lluvias de julio. La humedad favorece enfermedades y obliga a extremar el manejo sanitario.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El invierno 2026 está complicando a los cultivos de invierno en Uruguay, después de que las lluvias y una prolongada sucesión de días nublados desde julio redujeran las horas de sol y elevaran la presión de enfermedades. Canola y carinata muestran situaciones diferentes según la fecha en que lograron implantarse, mientras productores y técnicos intensifican los controles sanitarios. La preocupación importa ahora porque el ingreso a la primavera será determinante para definir el desarrollo de los cultivos y sus posibilidades de alcanzar buenos rendimientos.

El contraste con el comienzo de la campaña es marcado. Las condiciones durante fines de abril y mayo, principal ventana de siembra de las brassicas, permitieron realizar las labores con normalidad. Incluso durante mayo y junio las precipitaciones fueron escasas y en algunas zonas comenzó a sentirse cierta necesidad de agua. El escenario cambió en julio, cuando llegaron las lluvias acompañadas por jornadas persistentemente cubiertas.

Agustín Uteda, gerente de gestión de Nuseed Uruguay, explicó en declaraciones a Diario Rural que desde entonces hubo muy pocos días completamente soleados. Esa combinación comenzó a reflejarse en los lotes: las brassicas implantadas temprano y que consiguieron desarrollarse antes del período más húmedo presentan una mejor condición, mientras las sembradas más tarde tuvieron que atravesar exceso de agua y escasa radiación en etapas decisivas de crecimiento.

El exceso de humedad abre la puerta a los hongos

El problema no termina en el menor desarrollo de algunas plantas. La combinación de humedad persistente y ausencia de sol crea condiciones especialmente favorables para la aparición y propagación de enfermedades fúngicas, aumentando la necesidad de seguimiento y de aplicaciones realizadas en el momento adecuado.

En canola, uno de los principales desafíos es phoma, una enfermedad foliar que, cuando no se controla correctamente, puede avanzar y generar problemas en el tallo. Es una amenaza conocida por los productores y forma parte de los aspectos sanitarios que requieren vigilancia durante el ciclo.

Lesiones de Phoma en hojas de canola. La elevada humedad y las lluvias frecuentes favorecen las infecciones, uno de los desafíos sanitarios que enfrenta el cultivo durante inviernos húmedos.

Lesiones de Phoma en hojas de canola. La elevada humedad y las lluvias frecuentes favorecen las infecciones, uno de los desafíos sanitarios que enfrenta el cultivo durante inviernos húmedos.

La segunda preocupación es sclerotinia, que adquiere especial importancia durante la floración y puede afectar tanto a canola como a carinata. La elevada humedad obliga a observar con mayor atención las ventanas de aplicación, ya que las condiciones ambientales pueden favorecer el desarrollo de estos patógenos.

Trigo y cebada cuentan con una trayectoria productiva más extensa en Uruguay y con protocolos de manejo ampliamente incorporados por los agricultores. En las brassicas, cuya expansión es más reciente, productores y técnicos han avanzado durante los últimos años en investigación y capacitación para identificar los momentos de mayor riesgo y ajustar las intervenciones sanitarias.

El desafío de esta campaña está precisamente en combinar ese conocimiento con condiciones meteorológicas que dificultan las tareas. Los problemas de piso pueden impedir el ingreso de maquinaria convencional en el momento en que una aplicación resulta necesaria, generando una carrera contra el tiempo para evitar que una enfermedad avance.

Los drones aparecen como aliados cuando las máquinas no pueden entrar

Ese escenario está impulsando el uso de una herramienta que comienza a adquirir mayor protagonismo en las aplicaciones agrícolas: los drones. Según Uteda, durante esta campaña numerosos productores incorporaron estos equipos ante la necesidad de realizar tratamientos aun cuando las condiciones del suelo dificultan el tránsito de maquinaria.

Su utilidad cobra relevancia en inviernos húmedos. Cuando un lote permanece saturado y no soporta el peso de un pulverizador, esperar varios días hasta recuperar condiciones de piso puede hacer perder una ventana de tratamiento. Los drones permiten realizar determinadas aplicaciones sin ingresar físicamente con equipos pesados al cultivo.

La tecnología no reemplaza automáticamente a los sistemas tradicionales ni resulta necesaria en todas las situaciones, pero puede convertirse en una alternativa decisiva cuando la humedad impide trabajar con maquinaria terrestre. En una campaña marcada por lluvias y enfermedades, esa flexibilidad adquiere un valor productivo adicional.

Ahora las expectativas se trasladan hacia el comienzo de la primavera. Para que los cultivos recuperen ritmo y puedan expresar mejor su potencial, el escenario más favorable sería una combinación de días soleados y noches frescas, capaz de mejorar las condiciones de crecimiento después de varias semanas con baja radiación.

Los campos amarillos de canola que comienzan a destacarse en Uruguay esconden así una campaña mucho más compleja de lo que muestra el paisaje. Las próximas semanas serán decisivas para contener phoma y sclerotinia, recuperar desarrollo y preservar el potencial de rendimiento de cultivos que llegan a la primavera después de atravesar un invierno particularmente húmedo.

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