La Niña reaparece y el agro se prepara para un período de mayor incertidumbre hídrica
El fenómeno podría instalarse entre noviembre y febrero. Técnicos advierten riesgos para los cultivos y ajustes de manejo para no comprometer la campaña.
La posible instalación de La Niña entre finales de noviembre y febrero vuelve a poner al agro paraguayo en modo vigilancia. Aunque los modelos coinciden en que sería un evento breve y de intensidad moderada, los especialistas remarcan que su presencia llega en un momento sensible para los cultivos y con mercados globales atentos a cualquier señal climática en Sudamérica.
De acuerdo con las proyecciones del Ministerio de Agricultura y Ganadería (MAG) y los análisis climáticos de Hedgepoint Global Markets, el fenómeno podría extenderse apenas entre dos y tres meses, disipándose hacia marzo. Aun así, la experiencia reciente obliga a no subestimar sus impactos: Paraguay encadenó tres episodios de Niña en los últimos cinco años, con secuelas que aún persisten en varias zonas productivas, especialmente en el Chaco.
Un evento corto, pero en pleno desarrollo de los cultivos
Para Edgar Mayeregger, coordinador de la Unidad de Gestión de Riesgos del MAG, el foco debe estar puesto en esta etapa de desarrollo. Señala que los cultivos avanzan en un momento donde las labores de manejo -control de plagas, enfermedades, nutrición- pesan tanto o más que la lluvia disponible.
"La Niña es sinónimo de déficit hídrico. Si se presenta desde diciembre, los efectos se sentirán en pleno desarrollo. Por eso es clave ajustar prácticas y evaluar fechas de siembra", sostiene.
El técnico recuerda que, de repetirse el escenario de años secos anteriores, podrían reaparecer complicaciones productivas y sociales, desde estrés hídrico en zonas críticas hasta presión sobre reservas superficiales, como represas y tajamares.
Impacto en los precios y en la oferta regional
La variabilidad climática no solo modifica rendimientos: también cambia la dinámica de los mercados. Mayeregger explica que la volatilidad global no depende exclusivamente de Paraguay, sino de cómo se acomoden Brasil y Argentina, dos jugadores que marcan el pulso internacional.
"La soja tuvo precios muy altos en 2020 y luego corrigió con fuerza. Con costos en aumento, rendimientos de 1.500 a 2.800 kilos/ha ya complican la ecuación si el clima no acompaña", afirma.
El comportamiento sudamericano será decisivo este verano. Hedgepoint advierte que el sur de Brasil, Uruguay y Argentina podría enfrentar lluvias por debajo de lo normal, afectando soja y maíz. En contraste, el centro-norte brasileño tendría un patrón más húmedo, lo que podría compensar parte del impacto regional.
Un verano de contrastes en las cadenas globales
El fenómeno también podría alterar flujos comerciales en distintas cadenas agrícolas. Hedgepoint identifica varios frentes:
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Azúcar: riesgo de recortes para la zafra 26/27 de caña en Brasil si el déficit hídrico se intensifica.
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Café: escenario mixto; Brasil con posibilidad de buenos rindes, mientras Vietnam, Colombia y Centroamérica quedarían expuestos a tormentas que afecten calidad.
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Trigo: lluvias escasas en el hemisferio norte podrían condicionar la fase inicial en Estados Unidos, Europa y el Mar Negro.
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Aceite de palma: Indonesia y Malasia podrían enfrentar inundaciones que compliquen logística y transporte.
Ajustes de manejo: escalonar, diversificar y reservar
El MAG insiste en la necesidad de diversificar fechas y ciclos de siembra para evitar que toda la superficie dependa de una única ventana climática. La recomendación es combinar materiales tempranos, medios y tardíos para escalonar la cosecha y reducir la exposición al evento.
La zafriña -en maíz y soja- vuelve a posicionarse como un amortiguador clave, especialmente en años de mayor incertidumbre.
En ganadería, el panorama es menos tenso: la recarga de represas tras la última temporada brinda cierto margen. Aun así, se recomienda avanzar con la producción de heno como reserva estratégica, y dejar atrás prácticas como la quema, que deterioran suelo y biodiversidad en un momento donde la resiliencia ambiental es vital.
Mayeregger adelantó que el MAG trabaja en nuevas herramientas de monitoreo y alerta temprana, incluyendo aplicaciones móviles para evaluar daños en tiempo real. El objetivo es claro: evitar decisiones tardías y anticipar escenarios de riesgo, en un contexto donde el clima seguirá condicionando productividad, precios y planificación.
Con un verano marcado por la incertidumbre y un posible El Niño intenso hacia finales de 2026, el desafío será sostener la producción sin perder de vista el equilibrio hídrico, la eficiencia y la adaptación tecnológica de cada región.

