México impulsa la agroecología con técnicos y productores capacitados
El Gobierno de México graduó la primera generación en Agroecología y Bioinsumos, con foco en soberanía alimentaria y menor dependencia externa.
El Gobierno de México avanzó en su estrategia de transformación rural con la clausura de la Primera Generación del Diplomado en Agroecología y Bioinsumos, desarrollado junto a la Universidad Autónoma Metropolitana. La iniciativa busca fortalecer la soberanía alimentaria, reducir la dependencia de agroquímicos y mejorar la productividad de pequeños y medianos productores en distintas regiones del país.
La graduación se realizó en la Unidad Iztapalapa de la UAM y representa uno de los ejes de la política agroalimentaria impulsada por la Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural. El programa combina herramientas científicas con conocimientos tradicionales para promover sistemas de producción más sustentables y resilientes frente al cambio climático.
Más productores y menores costos
La transición agroecológica ya muestra impacto en distintos indicadores productivos. Según datos oficiales, más de 170 mil productoras y productores reciben asistencia técnica mediante casi 5 mil Escuelas de Campo distribuidas en 28 estados mexicanos.
Entre los resultados destacados, 107 mil productores de maíz lograron incrementar hasta un 25% sus rendimientos, mientras que los costos de producción se redujeron un 6,5%. Además, el gasto en agroquímicos cayó un 14%, un dato relevante en un contexto internacional marcado por altos costos de fertilizantes e insumos agrícolas.
El modelo también apunta a fortalecer la producción local de bioinsumos. Durante el primer trimestre de 2026, las Escuelas de Campo generaron más de 3,5 millones de kilos de bioinsumos sólidos y cerca de 4,7 millones de litros de bioinsumos líquidos, utilizados para nutrición vegetal y manejo biológico de cultivos.
Mujeres y biodiversidad en el centro del modelo
Uno de los aspectos destacados del programa es la participación femenina. Actualmente, el 42% de quienes integran las Escuelas de Campo son mujeres campesinas, consideradas estratégicas para la seguridad alimentaria y la conservación de la biodiversidad rural.
Las prácticas impulsadas incluyen aplicación de materia orgánica, rotación de cultivos, manejo manual de malezas, utilización de bioinsumos y preservación de polinizadores mediante la instalación de colmenas adaptadas a cada región.
Además, se desarrollan proyectos vinculados al uso eficiente del agua, innovación en maquinaria agrícola y rescate de germoplasma local, con el objetivo de reducir la dependencia externa y fortalecer las economías regionales.
Desde el gobierno mexicano sostienen que el nuevo modelo busca demostrar que la tecnificación agrícola puede avanzar junto con la inclusión social y la sustentabilidad ambiental, priorizando a los productores de menor escala y promoviendo sistemas productivos más autónomos.

