México importa 24,6 millones de toneladas de maíz y agrava la presión sobre el campo
Las compras externas de maíz blanco se disparan 350%, consolidan la dependencia de EE.UU. y profundizan la crisis de precios para los productores mexicanos.
México cerró el ciclo comercial 2025 con 24,59 millones de toneladas de maíz amarillo y blanco importadas, un volumen histórico que confirma su posición como uno de los mayores compradores globales del grano. El dato implica un crecimiento anual de 4,1% y refleja una tendencia estructural: la demanda interna supera la capacidad productiva nacional.
El foco más sensible está en el maíz blanco, base de la alimentación humana y de la industria de la masa y la tortilla. Las importaciones de esta variedad alcanzaron 900 mil toneladas, lo que representa un salto del 350% frente a las 200 mil toneladas registradas en 2024. La mayor parte del volumen provino de Estados Unidos.
Detrás de este movimiento convergen factores internacionales y domésticos. La sobreoferta global de granos ha mantenido deprimidos los precios en la Bolsa de Chicago, donde los futuros cotizan por debajo de los 4 dólares por bushel. A esto se suma un tipo de cambio favorable para los importadores y menores costos logísticos desde el cinturón maicero estadounidense.
El resultado es una presión directa sobre el productor mexicano. Mientras el grano importado ingresa a precios competitivos, los agricultores locales enfrentan costos elevados en fertilizantes, energía y financiamiento. El margen se estrecha y la inversión en tecnología queda postergada.
La abundancia estadounidense explica parte del fenómeno. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos reportó para el ciclo 2025/2026 rendimientos récord cercanos a 188,8 bushels por acre y una producción total aproximada de 16,7 mil millones de bushels. Este excedente exportable encontró en México su principal destino.
Informes del Servicio Agrícola Exterior del USDA subrayan que la dependencia mexicana es estructural y creciente, impulsada por la expansión del sector pecuario -particularmente porcino y avícola- que demanda mayores volúmenes de maíz amarillo para alimento balanceado.
El marco normativo también ha incidido. Tras las controversias comerciales bajo el T-MEC respecto al maíz genéticamente modificado, la resolución de paneles y ajustes regulatorios facilitaron el ingreso de grano destinado al sector industrial y pecuario. En la práctica, la restricción efectiva se flexibilizó, consolidando el flujo importador.
Impacto productivo y proyecciones
El aumento de importaciones consolida un déficit estructural en la balanza agroalimentaria mexicana. Si bien la industria de procesamiento prioriza eficiencia de costos, el efecto colateral es un mercado interno con precios deprimidos para el productor primario.
Hacia 2026, las proyecciones indican que el nivel de compras externas podría mantenerse elevado. La demanda interna sigue firme, especialmente en proteína animal, y los precios internacionales continúan competitivos frente a los costos domésticos.
El desafío para México será equilibrar seguridad alimentaria, competitividad industrial y sostenibilidad del campo. La dependencia de importaciones -sobre todo en un cultivo estratégico como el maíz blanco- reabre el debate sobre incentivos productivos, tecnificación y políticas de apoyo al agricultor.
La dinámica actual no responde a un evento aislado, sino a una combinación de mercado global abundante, fortaleza del dólar frente al peso y brechas estructurales de productividad. En este escenario, el maíz importado gana terreno mientras el productor local enfrenta una de las coyunturas más complejas de los últimos años.

