Micotoxinas en maíz: América Latina y Europa enfrentan riesgos persistentes
Las micotoxinas siguen siendo un riesgo estructural para el maíz destinado a alimentación animal. América Latina concentra mayor prevalencia y niveles.
Las micotoxinas continúan siendo uno de los riesgos más extendidos y subestimados para la seguridad de los alimentos balanceados a nivel global. Producidas por hongos como Fusarium, Aspergillus y Penicillium, estas toxinas pueden contaminar el maíz y otras materias primas a lo largo de toda la cadena productiva, desde el campo hasta el almacenamiento y la logística.
Los datos de 2025 confirman que las fusariotoxinas -principalmente deoxinivalenol (DON), zearalenona (ZEA) y fumonisinas (FUM)- siguen dominando tanto en prevalencia como en niveles promedio, con impactos que van desde menor desempeño productivo y supresión del sistema inmune hasta trastornos reproductivos y mayor susceptibilidad a enfermedades en animales.
El escenario global estuvo fuertemente condicionado por la variabilidad climática, con temperaturas más altas, lluvias irregulares y eventos extremos que ampliaron el nicho ecológico de Fusarium, especialmente en regiones maiceras. En este contexto, América Latina y Europa presentan una exposición sostenida a micotoxinas, aunque con perfiles, causas y patrones de riesgo diferentes.
En América Latina, los datos de 2025 confirman una alta presión de contaminación y frecuentes casos de policontaminación. El 83% de las muestras analizadas presentó al menos una micotoxina. Las fumonisinas lideraron la prevalencia (69%), seguidas por ZEA (34%) y DON (30%). En términos de concentración, el promedio regional fue de 1.760 ppb para FUM, 357 ppb para DON y 74 ppb para ZEA, una combinación que incrementa el riesgo toxicológico por efectos sinérgicos, especialmente entre DON y FUM.
Aunque se observa una tendencia descendente en aflatoxinas, el 17% de las muestras aún mostró presencia de esta micotoxina, con un promedio de 9 ppb, lo que sigue representando un desafío sanitario.
Brasil, como uno de los mayores productores y exportadores de maíz del mundo, marca el patrón regional. El perfil de contaminación estuvo dominado por fumonisinas, presentes en el 68% de las muestras positivas, con un promedio de 1.654 ppb. DON apareció en el 30% de las muestras (350 ppb) y ZEA en el 33% (72 ppb), reflejando la fuerte influencia de Fusarium graminearum y F. verticillioides en distintas zonas productivas.
En Argentina, los datos de 2025 muestran una prevalencia de FUM del 75%, con un promedio de 1.739 ppb, y una presencia de ZEA del 40% (56 ppb). La aflatoxina presentó una prevalencia superior al promedio regional (30%, con 12 ppb), lo que pone el foco en mejoras pendientes en el manejo poscosecha y almacenamiento.
El caso de Colombia resulta especialmente preocupante: las condiciones tropicales, sumadas a limitaciones logísticas, derivaron en una prevalencia de FUM del 100%, con un promedio de 3.004 ppb, y una alta presencia de DON (88%). En Perú, la FUM también fue dominante, con una prevalencia del 80% y un promedio de 4.711 ppb, mientras que ZEA alcanzó una prevalencia del 53% con 147 ppb.
En conjunto, América Latina en 2025 se caracteriza por alta prevalencia, policontaminación frecuente y concentraciones biológicamente relevantes, lo que convierte a las fusariotoxinas en un problema estructural, más que coyuntural.
En Europa, si bien las concentraciones promedio suelen ser más bajas que en América Latina, los datos de 2025 confirman una alta frecuencia de detección, especialmente de fusariotoxinas, con señales de expansión geográfica. DON fue la micotoxina más extendida, presente en el 88% de las muestras, seguida por ZEA (79%), reflejando la dominancia de Fusarium graminearum en los sistemas maiceros europeos. Las fumonisinas estuvieron presentes en el 73% de las muestras positivas, con un promedio de 583 ppb.
En Francia, uno de los principales productores de cereales del continente, DON fue detectado en el 95% de las muestras, con un promedio de 1.100 ppb, asociado a períodos de floración húmedos. ZEA acompañó con una prevalencia del 88% (139 ppb), mientras que FUM, aunque menos dominante que en América Latina, mantuvo una presencia significativa.
España refleja el impacto del cambio climático en el sur de Europa. Tradicionalmente vinculada al riesgo de aflatoxinas en años secos y calurosos, hoy muestra una mayor presión de toxinas de Fusarium, especialmente en sistemas de maíz bajo riego. DON registró una prevalencia del 62% (1.300 ppb), ZEA del 72%, y FUM una menor frecuencia, pero con niveles elevados, alcanzando 2.000 ppb en promedio.
El mensaje que deja 2025 es claro: las fusariotoxinas ya no están confinadas a regiones o ventanas climáticas específicas. En Europa, el riesgo se desplaza hacia la exposición crónica a bajas dosis, con impacto acumulativo en la salud y el rendimiento animal.
Más allá de lo regional, el peso de América Latina como gran exportadora de maíz amplifica la relevancia del problema. Países como Brasil y Argentina abastecen una porción significativa del maíz utilizado en la alimentación animal en Europa, Asia y Medio Oriente, lo que convierte a la gestión de micotoxinas en origen en un factor clave para la seguridad alimentaria global y el cumplimiento regulatorio.
En este contexto, el desafío para productores, integradores y nutricionistas ya no es solo detectar micotoxinas, sino interpretar los datos y tomar decisiones preventivas. La tendencia apunta a pasar de un enfoque reactivo a uno proactivo, donde la gestión del riesgo sea parte estructural de los sistemas modernos de producción y comercio de granos.

