La cosecha de café en el sur de México depende cada vez más de los migrantes
La falta de mano de obra local empuja a los productores de Tapachula a apoyarse en trabajadores haitianos, cubanos y venezolanos. Sin ellos, advierten, la recolección estaría seriamente comprometida.
La cosecha de café en Tapachula, una de las principales zonas cafetaleras del sur de México, atraviesa uno de sus momentos más complejos por la escasez de mano de obra. En ese escenario, migrantes provenientes de Haití, Cuba y Venezuela pasaron de ser una presencia marginal a convertirse en un sostén clave del sistema productivo, según coinciden productores de la región.
Pequeños caficultores del estado de Chiapas aseguran que entre el 95 % y el 100 % de la fuerza laboral tradicional ya no está disponible. La migración de jóvenes hacia las grandes ciudades mexicanas y hacia Estados Unidos vació los campos, dejando comunidades integradas en su mayoría por mujeres y adultos mayores, con escasa capacidad para afrontar las tareas más intensivas de la cosecha.
En este contexto, los productores comenzaron a recurrir cada vez más a trabajadores migrantes que permanecen en el sur del país. Un reporte de la agencia EFE señala que la participación de haitianos, cubanos y venezolanos creció de manera sostenida en los últimos ciclos, al punto de resultar indispensable para completar la recolección.
Roberto Tomasini Pérez, productor de café robusta en la región, explicó que este año fue especialmente difícil encontrar trabajadores mexicanos o guatemaltecos dispuestos a trabajar en los cafetales. "Pasamos de tener una presencia mínima de migrantes a que sean altamente representativos. Primero fueron 10, luego 20 y después 30. Se dio una transición clara desde la mano de obra centroamericana hacia haitianos, cubanos y venezolanos", relató.
Tapachula, la ciudad más grande de la frontera sur de México, forma parte de una zona estratégica para la producción cafetera, donde la falta de personal obligó a redefinir las dinámicas laborales del sector. Para muchos productores, la continuidad de la actividad ya no depende solo del clima o de los precios, sino de la posibilidad de retener y capacitar a esta nueva fuerza de trabajo.
La integración no estuvo exenta de dificultades. Nara Irasema Pérez, caficultora de la zona, reconoció que existen barreras idiomáticas y diferencias en las prácticas agrícolas, especialmente porque muchos migrantes llegan con expectativas de sistemas más intensivos, como los de Brasil. "Aquí la producción es menor y hay que aprender sobre la marcha", explicó, aunque subrayó que su aporte es indispensable para avanzar con la cosecha.
Desde el lado de los trabajadores, el café representa una oportunidad concreta. Zacarías, migrante haitiano que trabaja en las zonas altas de Tapachula, contó que decenas de migrantes participan en tareas de limpieza, corte y secado del grano. "Hay trabajo y comida. Me gusta trabajar; hay que buscar la manera, somos guerreros", resumió.
Este escenario se da en un momento en el que México dejó de ser solo un país de tránsito migratorio para convertirse también en destino. El endurecimiento de las políticas migratorias en Estados Unidos tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca en enero de 2025 empujó a muchos migrantes a regularizar su situación y establecerse en territorio mexicano.
Para sectores como el cafetalero, esta transformación es clave. La supervivencia de la cosecha, especialmente en regiones como Tapachula, depende cada vez más del trabajo de migrantes, que hoy ocupan un lugar central en una actividad históricamente sostenida por mano de obra local y regional.

