La ONU alerta brechas en la protección de los sistemas agroalimentarios dentro de los planes climáticos nacionales
Un análisis de FAO y PNUD revela que la mayoría de los países no integra adecuadamente los riesgos agrícolas ni financia la adaptación en sus NAPs.
Un nuevo informe de la FAO y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) advierte que la mayoría de los Planes Nacionales de Adaptación (NAPs) no protege adecuadamente a los sistemas agroalimentarios ni a las poblaciones más vulnerables frente al cambio climático, debido a fallas estructurales de financiamiento, capacidades técnicas e implementación. El estudio, presentado durante la COP30 en Belém, Brasil, es el primer análisis integral sobre cómo los países incorporan el agro en sus estrategias de adaptación.
El informe evalúa 64 países en desarrollo y examina cómo abordan los riesgos climáticos, las prioridades de adaptación, los mecanismos de financiamiento, las barreras institucionales, los marcos de monitoreo y las medidas para atender pérdidas y daños. La FAO y el PNUD señalan que la investigación llena un vacío clave para comprender cómo los países traducen sus metas de resiliencia agroalimentaria en políticas e inversiones concretas.
Los hallazgos muestran que la agricultura aparece como una de las prioridades más altas en los NAPs:
97 % de los países reporta impactos climáticos que afectan cultivos, ganadería, bosques, pesca, acuicultura, cadenas de valor y seguridad alimentaria.
Sin embargo, las respuestas planificadas no tienen la escala necesaria. Solo 16 % de las acciones propuestas aborda directamente los impactos identificados, y apenas 14 % incorpora enfoques específicos para mujeres, pueblos indígenas, agricultores familiares y jóvenes.
La evidencia científica tampoco guía de manera suficiente la toma de decisiones. Apenas un tercio de los planes utiliza evaluaciones de riesgo y vulnerabilidad climática, y menos de la mitad incluye herramientas de priorización o análisis técnico para seleccionar las medidas más efectivas. Entre los principales obstáculos detectados en la implementación, los países mencionan baja capacidad institucional, coordinación limitada, poca participación del sector privado y una brecha crítica de financiamiento.
El aspecto financiero es, de hecho, el mayor cuello de botella. Aunque los sistemas agroalimentarios representan 54 % de las necesidades de financiamiento para adaptación en países en desarrollo, reciben solo 20 % del financiamiento internacional de adaptación, equivalente a 1 % del total de financiamiento climático global.
"Los países saben que el agro es la primera línea frente a los extremos climáticos, pero no están recibiendo el respaldo que necesitan", señaló Kaveh Zahedi, director de la Oficina de Cambio Climático, Biodiversidad y Medio Ambiente de la FAO.
El lanzamiento del informe coincide con un aumento notable de la presencia de lobbies agrícolas industriales en la COP30. Una investigación conjunta de DeSmog y The Guardian registró más de 300 representantes del agronegocio en la cumbre, un 14 % más que en la COP anterior en Bakú, e incluso superando al tamaño de la mayoría de las delegaciones nacionales.
De ellos, 77 forman parte de delegaciones oficiales y seis tienen acceso a las zonas de negociación reservadas, donde los países definen políticas climáticas.
La agricultura, recuerda el informe, es responsable de entre una cuarta y una tercera parte de las emisiones globales, y los científicos coinciden en que no será posible cumplir los objetivos del Acuerdo de París sin transformaciones profundas en los sistemas de producción y consumo de alimentos.

