Paraguay

El arroz paraguayo atraviesa su hora más difícil ante un mercado desbordado

La apertura de exportaciones desde India desplomó los precios y dejó a los arroceros paraguayos frente a un 2025 con menos siembra y riesgo de abandono del cultivo.

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La cadena arrocera de Paraguay enfrenta uno de los momentos más complejos de las últimas décadas. A cuatro años consecutivos de sequías severas, inundaciones extraordinarias y pérdidas financieras acumuladas, se suma ahora una crisis internacional de precios que está redefiniendo por completo la actividad. Para el sector, 2025 se perfila como un año de retroceso, menor siembra y un deterioro que amenaza la continuidad del cultivo en varias zonas productivas del país.

Según explicó Christian Heisecke, director de Desarrollos del Sur y Ganadera Heisecke, el origen de la problemática no está dentro de Paraguay, sino en la dinámica global del mercado. Tras mantener restricciones durante los últimos ciclos, India decidió reabrir masivamente sus exportaciones luego del proceso electoral, liberando grandes volúmenes a precios muy bajos, sostenidos por políticas internas destinadas a proteger el consumo local de un alimento básico.

El impacto fue inmediato: el mercado internacional quedó inundado de arroz barato, presionando a la baja a todos los países exportadores. Brasil, principal comprador del arroz paraguayo, también se vio afectado porque sus competidores externos quedaron sin chances de exportar y comenzaron a generar excedentes internos. En ese contexto, Paraguay pasó a ocupar un lugar secundario, donde para ingresar se requieren precios aún más deprimidos.

El desajuste es tan profundo que alcanzó incluso a Estados Unidos y otros grandes productores, cuyos gobiernos ya activaron subsidios, refinanciaciones y programas de alivio para evitar un quiebre masivo del sector. "Hoy muchos países están vendiendo por debajo del costo. Así es muy difícil volver a sembrar", señaló Heisecke.

cuatro campañas seguidas con pérdidas

La crisis encuentra al arroz paraguayo en una situación estructuralmente debilitada. Durante las últimas cuatro campañas, el sector enfrentó un encadenamiento de fenómenos climáticos extremos: primero la mayor sequía en 60 años, luego una recuperación parcial, seguida de la mayor inundación en medio siglo, y finalmente esta caída de precios que no se veía desde hace dos décadas.

El efecto combinado deterioró la capacidad financiera de productores y empresas, que hoy lidian con costos altos, márgenes nulos y deudas que dificultan reinvertir. "No somos malos produciendo; tuvimos catástrofes una detrás de otra y ahora este golpe internacional que no depende de nosotros", remarcó Heisecke.

Ante esta situación, varios países competidores ya desplegaron políticas específicas. En Paraguay, sin embargo, el sector resalta que la participación estatal sigue siendo mínima. Las reuniones con el Banco Central y diversas instituciones sirvieron para exponer la urgencia de refinanciaciones de largo plazo y mecanismos de alivio, pero las soluciones no llegaron. "El gobierno acompaña con palabras, pero después te derivan a los bancos y ahí todo queda condicionado", cuestionó.

A esto se suma un problema estructural: una falta de inteligencia de mercado que impide anticipar ciclos adversos. "El gobierno no conocía realmente lo que estaba pasando. Hoy es el propio sector el que lleva la información", añadió.

un 2025 con menos siembra y riesgo de pérdida de productores

La gravedad del panorama ya impacta en las decisiones de siembra para la próxima campaña. En Brasil y Argentina se espera una reducción de superficie, y Paraguay seguirá la misma tendencia. "Mucha gente ya desistió. Dejó de sembrar o directamente no intenta llegar a los números históricos", señaló Heisecke.

La diversificación hacia ganadería, maíz, sorgo o soja aparece como alternativa, pero no siempre es viable: transformar un campo requiere capital, y gran parte del sector quedó sin capacidad de inversión tras años de pérdidas.

El riesgo no es solo productivo, sino también estratégico. Sin medidas de apoyo, buena parte del circuito arrocero podría terminar en manos de capitales extranjeros, como ya ocurrió en el Este con la agricultura y en la industria frigorífica, dominada por inversores brasileños.

Si la tendencia continúa, el arroz paraguayo podría experimentar una caída histórica en producción, con efectos directos en exportaciones, empleo rural e industria. "Se ve un panorama muy desolador para el año que viene", sintetizó Heisecke, reflejando la preocupación de toda la cadena.

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