Paraguay

El Niño vuelve al radar y condiciona la próxima campaña en Paraguay

Modelos climáticos anticipan alta probabilidad del fenómeno hacia fines de 2026 y el agro ya ajusta decisiones ante posibles lluvias intensas.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El posible regreso del fenómeno El Niño hacia fines de 2026 comienza a influir en la planificación del agro paraguayo, en un momento donde las decisiones productivas se toman con varios meses de anticipación. Aunque el evento aún no está confirmado, los modelos climáticos indican una probabilidad superior al 80% de desarrollo entre agosto y septiembre, lo que pone en alerta a un sector altamente dependiente del clima.

Actualmente, el sistema se mantiene en fase neutral, pero los indicios de cambio ya son seguidos de cerca por organismos técnicos y productores. La importancia del fenómeno radica en su impacto directo sobre cultivos clave como soja, maíz y sésamo, además de su influencia en la ganadería.

Más lluvias, mejores rindes... y mayores costos

A diferencia de La Niña, asociada a períodos secos, El Niño suele traer precipitaciones por encima del promedio en parte del Cono Sur. En Paraguay, esto puede traducirse en mejores condiciones para el desarrollo de los cultivos, siempre que las lluvias se distribuyan de manera adecuada.

El exceso de lluvias puede afectar la logística y el ritmo de cosecha.

En el caso de la soja, principal producto de exportación del país, el agua resulta clave en etapas como la floración y el llenado de granos. Un régimen de lluvias favorable puede mejorar los rendimientos y generar un mayor volumen exportable.

Sin embargo, el efecto no es lineal. Cuando las precipitaciones superan ciertos niveles, comienzan a aparecer complicaciones operativas. Demoras en la siembra, interrupciones en la cosecha y deterioro de caminos rurales forman parte de los problemas más frecuentes.

En un país donde gran parte del movimiento de granos depende del transporte terrestre, el estado de los caminos incide directamente en los costos. A mayor dificultad logística, mayor presión sobre los márgenes del productor.

El impacto también se extiende a la infraestructura. Zonas agrícolas del sur y este del país podrían enfrentar escenarios de saturación hídrica e inundaciones, con consecuencias tanto productivas como sociales.

El comportamiento hídrico también impacta en la generación de energía y la economía.

El comportamiento hídrico también impacta en la generación de energía y la economía.

Otro aspecto a considerar es el efecto sobre la energía. Paraguay depende en gran medida de la generación hidroeléctrica, por lo que el nivel de lluvias influye en la disponibilidad de recursos. Un aumento en los caudales puede mejorar la generación, aunque eventos extremos también generan complicaciones operativas.

Frente a este panorama, el sector agrícola comienza a ajustar su planificación. Fechas de siembra, elección de variedades y manejo del suelo son algunos de los puntos que se revisan en función de los posibles escenarios climáticos.

Aunque el fenómeno aún no se confirma, su sola probabilidad ya incide en las decisiones. En Paraguay, el clima no solo define la producción: también condiciona exportaciones, costos logísticos y expectativas económicas.

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