Paraguay

Paraguay rompe el mito: ya produce tomate en pleno verano

El Plan Tomate 2025 logró cosechas en enero y febrero, redujo importaciones y elevó la rentabilidad de más de 1.200 productores.

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La producción de tomate en Paraguay acaba de dar un giro estructural. En meses históricamente considerados inviables por el calor extremo, como enero y febrero, productores de distintos departamentos están cosechando volúmenes significativos y con resultados económicos positivos. El cambio no fue casual: responde al Plan Nacional de Producción de Tomate 2025, impulsado por el Ministerio de Agricultura y Ganadería, que logró desafiar un límite productivo instalado durante décadas.

Durante años, las temperaturas superiores a los 45°C, los fotoperíodos prolongados, la degradación de suelos y el uso de variedades poco adaptadas restringieron el cultivo a estaciones más frescas. Eso obligaba a liberar masivamente permisos de importación para cubrir la demanda interna. Hoy el escenario es distinto.

La estrategia incorporó híbridos adaptados al clima local, manejo nutricional de mayor precisión, inductores fisiológicos para tolerancia al estrés y capacitación técnica intensiva. El resultado fue contundente: el rendimiento promedio nacional alcanzó los 3,9 kilos por planta, superando la meta inicial de entre 2,5 y 3,5 kilos. En parcelas con manejo óptimo se registraron picos de hasta 8 kilos por planta.

En términos globales, la producción ya ronda los 3.762.000 kilos, generando ingresos superiores a G. 26.334 millones. El 95% de las unidades productivas alcanzaron los objetivos trazados, con departamentos como Caaguazú y Amambay destacándose como nuevos polos productivos.

El ciclo de producción fue de aproximadamente 90 días y la zafra fuerte se concentra entre febrero y marzo, con proyecciones de 1.200.000 kilos mensuales. Ese volumen permitió mantener estable el abastecimiento del mercado interno y, hasta el momento, evitar la habilitación de permisos de importación.

El impacto económico también se refleja en los precios. En finca, el kilo se comercializa entre G. 7.000 y G. 7.500, valores considerados rentables. En el mercado mayorista, la caja de 20 kilos oscila entre G. 190.000 y G. 200.000, equivalente a entre G. 9.000 y G. 10.000 por kilo. Con estos niveles, el productor cubre costos, sostiene su estructura familiar y puede reinvertir.

El control de los permisos de importación fue un componente central del plan. Evitar el ingreso de tomate extranjero en momentos críticos permitió sostener el precio local y fortalecer la producción nacional. Esto no solo protege la rentabilidad del pequeño productor, sino que reduce la salida de divisas y dinamiza la economía interna.

Actualmente el programa involucra a 1.232 productores, con capacidad de expansión hasta 2.000. El sistema prevé un máximo estimado de 4,5 millones de semillas por zafra, un techo definido para evitar sobreoferta y caída de precios. A mediano plazo, el objetivo es consolidar el rubro con menor asistencia estatal y avanzar hacia la diversificación productiva.

El tomate paraguayo deja así una señal concreta: con tecnología adecuada, asistencia técnica sostenida y políticas coherentes, es posible producir todo el año, incluso bajo condiciones climáticas adversas. El resultado no solo fortalece la agricultura familiar, sino que impacta directamente en la seguridad alimentaria y en la estabilidad del mercado interno.

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