Perú

Perú busca escalar su industria citrícola y mira el tablero global con ambición exportadora

El país exporta solo el 17% de sus cítricos, pero su potencial productivo y la renovación varietal podrían reposicionarlo frente a competidores como Sudáfrica.

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El dinamismo del sector citrícola peruano vuelve a generar expectativas dentro y fuera del país. Aunque Perú produce cerca de 1,7 millones de toneladas de cítricos al año, solo exporta el 17%, una cifra pequeña frente al volumen mundial. Sin embargo, la combinación de un sector altamente tecnificado, agricultores experimentados y grandes extensiones con potencial de cultivo alimenta una proyección ambiciosa: "El día que Perú decida exportar todo lo que produce, puede cambiar el tablero internacional", afirma Sergio del Castillo, gerente general de ProCitrus.

La historia de los cítricos en Perú se remonta al periodo colonial, pero su perfil exportador moderno se consolidó recién en las últimas décadas. Tras la irrupción del virus de la tristeza en los años cincuenta, que devastó naranjales, los productores optaron por diversificarse hacia la mandarina, hoy el motor indiscutido del sector. Durante los noventa, con la apertura del mercado de tierras establecida por la Constitución de 1993, el agroexportador peruano encontró un nuevo impulso. Sin embargo, las primeras exportaciones citrícolas fueron difíciles: embarques con fruta dañada o de mala calidad llevaron a productores a organizarse y fundar ProCitrus en 1998, con un enfoque claro en capacitación poscosecha y estandarización.

Actualmente, la asociación agrupa a unas 150 empresas y refleja el cambio tecnológico del sector: hace dos décadas, el 90% de los campos usaba riego por inundación; hoy, el 98% opera con riego tecnificado. Perú cuenta con 80.000 hectáreas de cítricos, distribuidas en 33.000 ha de naranjas, 25.000 ha de limones y limas, y 22.000 ha de mandarinas.

La mandarina es la reina de los cítricos peruanos: representa 75% de las exportaciones y se divide en grupos tempranos, de media estación y tardíos. Las variedades tardías -principalmente W. Murcott y Tango, que juntas concentran casi la mitad de los envíos- son el corazón de la ventana comercial. La tendencia apunta a la sustitución de variedades antiguas por materiales más productivos, sin semillas y con mejor aceptación en mercados como Estados Unidos, Reino Unido y la Unión Europea.

En el segmento de limones y limas, el Sutil domina el consumo interno con 22.000 hectáreas concentradas en el norte, mientras que la lima Tahití, con apenas 2.000 hectáreas, se destina casi exclusivamente a exportación hacia Estados Unidos y Europa. En tanto, la naranja Valencia, tradicionalmente orientada a mercados locales, encontró una segunda vida en exportación gracias al alza global del jugo concentrado y a la alta calidad del fruto peruano, caracterizado por altos grados Brix y prácticas de manejo de bajo uso de agroquímicos.

El mercado internacional aún ofrece amplio margen de crecimiento. En 2025, Estados Unidos y Canadá representaron 45% de los envíos, seguidos de Centroamérica y México (20%), la Unión Europea (19%), Reino Unido (7%) y Asia (3%), con un fuerte aumento hacia China y Japón. Las negociaciones para permitir el ingreso de variedades tardías al mercado japonés podrían abrir nuevas oportunidades de valor.

Un indicador del repunte sectorial es que, hacia la semana 42 de 2025, las exportaciones alcanzaron 322.130 toneladas, un aumento de 13% respecto de 2024 y 36% frente a 2023, tras dos campañas afectadas por el clima. Aunque no se prevé una expansión significativa del área en el corto plazo, la renovación varietal y proyectos como Majes-Siguas II podrían duplicar la superficie apta para cítricos en el largo plazo.

La competencia interna también influye: cultivos más rentables como palta, uva y arándano han desplazado áreas citrícolas en algunos valles. Sin embargo, el citrus se mantiene atractivo por su menor demanda de mano de obra y su rol estratégico en la diversificación productiva. Muchos agricultores combinan cítricos, palta y espárrago, este último usado incluso como barrera natural para evitar polinización cruzada.

Para Del Castillo, la clave del futuro está en profesionalizar aún más el manejo agronómico y el uso de datos. Aunque el sector ya incorporó fertirriego, sensores y monitoreo satelital, aún falta -dice- profundizar en registros técnicos sistemáticos. "Nos falta tecnología y técnica. Pero estamos aprendiendo rápido", afirma. Con un potencial que representa menos del 1% de la producción mundial y apenas 0,4% del comercio global, Perú mira hacia adelante con la convicción de que su industria citrícola apenas está comenzando a construir su verdadero impacto internacional.

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