Uso de pesticidas: la mayoría de los países no alcanzará la meta global de 2030
Un estudio internacional advierte que el riesgo ecológico asociado a pesticidas sigue creciendo en el mundo. Solo un país estaría en camino de cumplir el objetivo de reducción fijado por la ONU.
Un nuevo estudio internacional encendió alertas sobre el impacto de los pesticidas en la biodiversidad global. La investigación concluye que la mayoría de los países no está en camino de cumplir el objetivo de la ONU de reducir en un 50% el riesgo asociado a estos químicos para 2030, lo que evidencia la necesidad de cambios profundos en los sistemas agrícolas.
El trabajo, realizado por científicos ambientales de la Universidad RPTU Kaiserslautern-Landau (Alemania) y publicado en la revista Science, analizó el uso de pesticidas entre 2013 y 2019 en 65 países, que en conjunto representan cerca del 80% de la superficie agrícola mundial.
Los investigadores combinaron estos datos con información sobre la toxicidad de 625 pesticidas para ocho grupos de especies, entre ellos insectos polinizadores, peces, plantas acuáticas, organismos del suelo y vertebrados terrestres.
El estudio utilizó un indicador denominado Toxicidad Total Aplicada (TAT), que evalúa el impacto real de los pesticidas considerando no solo la cantidad utilizada, sino también su nivel de toxicidad para los ecosistemas.
Las abejas y otros polinizadores son uno de los grupos más afectados por la toxicidad de insecticidas en sistemas agrícolas.
Los resultados muestran que la toxicidad ecológica de los pesticidas continúa aumentando a nivel mundial, especialmente en lo que respecta a los insecticidas que afectan a polinizadores como las abejas.
El análisis identificó que solo cuatro grandes potencias agrícolas concentran más de la mitad de la toxicidad global aplicada:
Estados Unidos, Brasil, China e India.
Además, el estudio señala que los cultivos de frutas y hortalizas, maíz, soja, cereales y arroz representan más de tres cuartas partes del impacto total asociado al uso de pesticidas.
Los investigadores también detectaron que unos pocos compuestos altamente tóxicos explican gran parte del riesgo global, lo que abre la posibilidad de reducir significativamente el impacto si los países enfocan sus políticas en limitar o reemplazar esos productos específicos.
Solo un país cumple la trayectoria hacia 2030
A pesar del compromiso global adoptado en la Conferencia de Biodiversidad de las Naciones Unidas de 2022, que establece reducir a la mitad el riesgo de pesticidas para 2030, solo un país -Chile- aparece actualmente en trayectoria de cumplir esa meta.
Otros países como China, Japón y Venezuela muestran tendencias positivas, aunque aún necesitarán acelerar sus esfuerzos para alcanzar el objetivo fijado.
En contraste, naciones como Tailandia, Dinamarca, Ecuador y Guatemala muestran una tendencia opuesta, con niveles de riesgo en aumento.
El estudio también identificó que la toxicidad aplicada creció para varios grupos de especies, especialmente artrópodos terrestres, organismos del suelo y peces, mientras que solo dos grupos -plantas acuáticas y vertebrados terrestres- registraron descensos.
Avión agrícola aplica pesticidas sobre un cultivo, una práctica común en sistemas agrícolas intensivos.
Especialistas independientes destacan que el enfoque utilizado en el estudio representa un avance importante para evaluar el impacto real de los pesticidas en los ecosistemas, ya que considera la toxicidad efectiva y no solo el volumen aplicado.
Los investigadores sostienen que la reducción del riesgo no necesariamente implica eliminar pesticidas, sino avanzar hacia sistemas agrícolas más eficientes, sustitución de moléculas altamente tóxicas y mejores estrategias de manejo.
Sin embargo, advierten que uno de los mayores obstáculos es la falta de datos confiables sobre el uso de pesticidas, incluso en países desarrollados, lo que dificulta medir el progreso hacia los objetivos internacionales.
A pesar de estos desafíos, los científicos señalan que identificar los productos que generan mayor impacto puede ofrecer una vía rápida para reducir riesgos, permitiendo avanzar en la protección de la biodiversidad sin comprometer la producción agrícola y la seguridad alimentaria.

