El potasio expone la mayor fragilidad minera de América Latina
Mientras el agro demanda más fertilizantes, América Latina depende de potasio importado desde países atravesados por conflictos y tensiones geopolíticas.
América Latina posee algunas de las mayores reservas minerales del planeta y concentra recursos estratégicos como litio, cobre y tierras raras. Sin embargo, detrás de esa abundancia aparece una vulnerabilidad silenciosa que empieza a generar preocupación en gobiernos, empresas y productores agrícolas: la fuerte dependencia externa del potasio, uno de los minerales más importantes para la producción de fertilizantes. El tema gana peso en 2026 porque el aumento de la demanda global de alimentos, los eventos climáticos extremos y las tensiones geopolíticas están elevando el riesgo de abastecimiento para una región donde el agro tiene impacto decisivo sobre las economías nacionales.
El potasio es considerado actualmente uno de los pocos minerales verdaderamente críticos para América Latina. A diferencia de otros recursos donde la región posee liderazgo global, en este caso gran parte del suministro depende de importaciones provenientes de Rusia, Canadá, Belarus e Israel, países que además enfrentan escenarios políticos, comerciales y bélicos que impactan directamente sobre los mercados internacionales.
La situación adquiere especial relevancia para potencias agrícolas como Brasil y Argentina, donde la productividad agropecuaria depende fuertemente del uso intensivo de fertilizantes.
El problema no se limita únicamente al abastecimiento. También afecta costos de producción, competitividad exportadora y estabilidad de cadenas agrícolas estratégicas en una región donde el crecimiento de la demanda alimentaria global presiona cada vez más sobre la productividad de los cultivos.
En medio de este escenario, distintos países latinoamericanos comenzaron a acelerar proyectos mineros, cambios regulatorios e iniciativas industriales para reducir al menos parcialmente la dependencia externa.
Brasil busca reducir una dependencia que preocupa al agro
Brasil aparece como el país más expuesto dentro del tablero regional. El gigante sudamericano importa cerca del 85% de los fertilizantes potásicos que consume, pese a ser uno de los mayores productores agrícolas del mundo.
La vulnerabilidad preocupa especialmente porque amplias zonas agrícolas brasileñas poseen suelos naturalmente menos fértiles, lo que exige una utilización intensiva de fertilizantes para sostener rendimientos competitivos.
El país cuenta actualmente con el mayor proyecto de potasio en planificación de América Latina: el emprendimiento Autazes, desarrollado por la canadiense Brazil Potash a través de Potássio do Brasil.
Ubicado en el estado de Amazonas, el proyecto contempla inversiones estimadas en US$2.500 millones y podría producir hasta 2,4 millones de toneladas anuales de potasio.
La iniciativa fue considerada estratégica por el gobierno brasileño, que intenta acelerar procesos de licenciamiento debido a la necesidad de reducir la dependencia externa. Aun así, el proyecto enfrenta desafíos ambientales y sociales debido a su cercanía con territorios indígenas y zonas sensibles de la Amazonia.
La empresa estima que la producción futura podría cubrir aproximadamente el 20% de la demanda actual de potasio de Brasil.
Mientras tanto, el segmento también registró movimientos empresariales relevantes. La norteamericana Mosaic vendió recientemente la única mina de potasio en operación en Brasil a la empresa local VL Holding.
La operación involucró la mina Taquari-Vassouras, ubicada en Sergipe, y representó el ingreso formal de uno de los mayores grupos empresariales brasileños al negocio del potasio.
VL Holding está controlada por Valére Batista, integrante de la familia que controla JBS, el mayor grupo cárnico del mundo.
Al mismo tiempo, Petrobras volvió a impulsar inversiones vinculadas al negocio de fertilizantes, aunque concentradas principalmente en nitrogenados.
Chile, litio y la disputa por el Salar de Atacama
En Chile, el debate sobre el potasio aparece íntimamente ligado a la explotación de litio y a la presión ambiental sobre los salares del norte del país.
El Grupo Errázuriz obtuvo recientemente autorización ambiental para desarrollar un proyecto de producción de 200 mil toneladas anuales de cloruro de potasio en el Salar de Atacama, destrabando inversiones cercanas a US$143 millones tras casi 17 años de tramitaciones y rechazos técnicos.
El proyecto busca recuperar sales de potasio desde salmueras y procesarlas en instalaciones ubicadas en la región de Antofagasta.
Sin embargo, las comunidades indígenas continúan rechazando la iniciativa por el posible impacto sobre lagunas, vegas y bofedales sometidos a fuerte estrés hídrico luego de décadas de actividad minera.
En Chile, gran parte del potasio se obtiene como subproducto de la producción de litio, principalmente a través de operaciones de SQM -actualmente llamada Nova Andino tras su asociación con Codelco- y de Albemarle.
No obstante, la producción de potasio perdió protagonismo frente al boom global del litio. Las empresas comenzaron a priorizar salmueras con mayor concentración de litio, reduciendo inversiones en segmentos vinculados al cloruro de potasio.
SQM incluso anunció que reducirá nuevamente su producción de potasio en 2026, mientras acelera su estrategia enfocada en litio ante las proyecciones globales de déficit para la próxima década.
Argentina acelera incentivos para atraer inversiones
Argentina también busca posicionarse dentro del nuevo mapa de minerales críticos mediante un esquema reforzado de incentivos conocido como Súper RIGI.
El gobierno pretende estimular inversiones vinculadas a industrialización minera y procesamiento de minerales estratégicos, incluyendo fertilizantes a base de potasio y fósforo.
El nuevo esquema ofrecería beneficios tributarios más agresivos que el régimen vigente, con reducción de impuestos y esquemas de depreciación acelerada destinados a atraer capital privado hacia proyectos de gran escala.
La apuesta oficial busca ampliar la cadena de valor minera y fortalecer la producción de insumos estratégicos para el agro, uno de los motores económicos del país.
Bolivia emerge como proveedor regional
Entre todos los países latinoamericanos, Bolivia aparece hoy como uno de los pocos con producción relevante de potasio en funcionamiento.
Durante 2025, el país produjo más de 66 mil toneladas de cloruro de potasio desde la planta ubicada en Llipi, dentro del Salar de Uyuni.
Parte de esa producción abasteció el mercado interno y el resto fue exportado hacia Chile, Brasil, Perú, Argentina y Guatemala.
Para 2026, Bolivia proyecta aumentar la producción en 33%, aunque especialistas advierten que el país necesitará modificar parte de su legislación y abrir mayor espacio al capital privado para desarrollar plenamente el potencial de sus salares.
El Salar de Coipasa también concentra importantes reservas de magnesio y potasio que podrían sostener actividad extractiva durante décadas.
Mientras tanto, países como Perú, Colombia, Ecuador, México y gran parte de Centroamérica continúan dependiendo casi completamente de importaciones para abastecer su demanda agrícola.
La creciente presión sobre los fertilizantes empieza así a modificar el tablero minero latinoamericano. Y detrás del auge del litio y el cobre, el potasio comienza a convertirse en un recurso decisivo para la seguridad alimentaria, la estabilidad económica y la competitividad agrícola de toda la región.

