Uruguay

Confirman roya en soja y alertan pérdidas de 350 kg/ha

Las lluvias reactivan el cultivo pero también disparan enfermedades; el monitoreo temprano será clave para evitar fuertes mermas de rendimiento.

AgroLatam
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La confirmación del primer caso de roya en soja en Uruguay, detectado en el noreste del país, encendió alertas en una campaña que venía recuperándose gracias a las lluvias. El agua llegó en el momento justo para recomponer lotes castigados por el déficit hídrico, pero también creó el ambiente ideal para la expansión de enfermedades.

El escenario actual combina alta humedad, nubosidad persistente y presencia de agua libre sobre la hoja, condiciones que favorecen la germinación de esporas y aceleran el ciclo del patógeno. En este momento, el riesgo sanitario inmediato es mayor por roya asiática que por otras enfermedades foliares.

La experiencia de campañas anteriores indica que cuando se detectan focos iniciales en el noreste, el avance hacia el litoral oeste y el centro del país puede concretarse en pocos días si el clima acompaña. El inóculo llega cada año desde Brasil, donde el hongo sobrevive al invierno y continúa su presión regional.

La recomendación técnica es clara: intensificar el monitoreo y apuntar a la detección temprana. Cuando la infección ya se manifiesta de forma generalizada, la eficiencia de control disminuye de manera significativa. Intervenir en el inicio del proceso permite aprovechar mejor la persistencia y potencia de los fungicidas disponibles.

Confirman roya en soja y alertan pérdidas de 350 kg/ha

Aplicar de manera anticipada sin presencia real de infección implica reducir días efectivos de protección. Por el contrario, actuar en el momento preciso mejora el retorno económico y reduce el riesgo de fallas en el control.

Las manchas foliares, principalmente septoria y cercospora, también vuelven a estar bajo observación. Antes de la sequía ya había chacras con presencia de estas enfermedades. La caída de hojas afectadas durante el período seco retrasó el avance, pero con el retorno de la humedad el patógeno puede reinstalarse desde el rastrojo.

Ensayos acumulados durante siete campañas en el litoral oeste mostraron respuestas promedio cercanas a 350 kg/ha cuando se aplicó control químico en situaciones de presión efectiva. Ese diferencial confirma el impacto directo que las enfermedades pueden tener sobre el rendimiento final.

El manejo sanitario en esta etapa se vuelve determinante para sostener el potencial productivo. La campaña entra en un tramo donde la combinación entre clima favorable al crecimiento y presión de patógenos obliga a decisiones técnicas ajustadas al día a día. Con roya ya confirmada y condiciones ambientales propicias, el monitoreo sistemático será el factor clave para proteger cada kilo por hectárea.

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