Producción de frijol en Honduras cae y expone fragilidad del abastecimiento
Aunque la cosecha creció, gremios advierten déficit, importaciones crecientes y fallas estructurales en el sistema agroalimentario hondureño.
En mayo de 2026, organizaciones del sector agrícola en Honduras advirtieron que el país ha dejado de producir cerca de un millón de quintales de frijol, una situación que obliga a sostener el consumo interno mediante importaciones constantes, principalmente desde Nicaragua. La alerta, impulsada por el Consejo Coordinador de Organizaciones Campesinas (COCOCH), pone en evidencia un problema estructural que impacta directamente en la seguridad alimentaria, los precios internos y la estabilidad del mercado agrícola, en un contexto donde el frijol es uno de los principales componentes de la dieta nacional.
Aunque cifras oficiales indican que la producción de frijol en 2025 se ubicó entre 3,5 y 3,8 millones de quintales, acercándose al nivel de consumo anual estimado en 3,6 millones, el mercado sigue mostrando señales de escasez en distintas regiones del país. Este desfasaje refleja que el problema no radica únicamente en la producción, sino en la distribución, comercialización y acceso al grano, evidenciando debilidades en las cadenas de valor agroalimentarias.
En este escenario, la dependencia de importaciones se vuelve estructural. El frijol proveniente de Nicaragua no solo cubre el faltante, sino que además presenta ventajas competitivas clave, como mayor rendimiento, menor tiempo de cocción y disponibilidad constante, lo que lo posiciona como una opción preferida tanto por comerciantes como consumidores. En los mercados locales, su presencia es dominante, funcionando como un amortiguador frente a las limitaciones productivas internas, pero al mismo tiempo desplazando a los productores nacionales.
A esta situación se suma la vulnerabilidad del sistema productivo frente a la variabilidad climática, especialmente en el corredor seco, donde la irregularidad de las lluvias afecta los rendimientos. La concentración de la producción en el ciclo de postrera incrementa este riesgo, generando una alta exposición a eventos climáticos adversos que impactan directamente en la oferta.
El Estado, a través del Instituto Hondureño de Mercadeo Agrícola (IHMA), ha intentado contener la volatilidad mediante reservas estratégicas de frijol, utilizadas para estabilizar precios y garantizar abastecimiento en momentos críticos. Sin embargo, los inventarios son limitados y existen dificultades para cumplir con las metas de compra y almacenamiento, lo que reduce la capacidad de intervención pública y refuerza la dependencia de importaciones.
Desde el sector productivo, el diagnóstico es claro: los pequeños agricultores -responsables de la mayor parte de la producción nacional- enfrentan falta de financiamiento, escasa asistencia técnica y ausencia de políticas públicas sostenidas, lo que limita la tecnificación, la productividad y la resiliencia del sistema agrícola. Esta situación impide consolidar una oferta estable y competitiva, profundizando la brecha entre producción y consumo.
El caso del frijol en Honduras expone así una contradicción estructural: aunque la producción muestra signos de recuperación, el país sigue dependiendo de factores externos para garantizar un alimento básico, lo que abre un debate sobre la soberanía alimentaria, la necesidad de fortalecer la producción local y la urgencia de transformar el modelo agrícola en un contexto regional marcado por la volatilidad de los mercados y el cambio climático.

