El norte produce casi todo el arroz en Dominicana y sostiene el consumo interno
Más del 90% del arroz se cultiva en el Cibao y permite al país mantener autosuficiencia. El cereal es clave para la seguridad alimentaria y el empleo rural.
La República Dominicana mantiene un alto nivel de autosuficiencia en la producción de arroz, uno de los alimentos más importantes de la dieta nacional, gracias al fuerte peso productivo de la región norte del país, donde se concentra la gran mayoría del cultivo. Datos oficiales indican que el país produce cerca de un millón de toneladas anuales, volumen que permite abastecer el consumo interno y sostener la estabilidad del mercado.
Según cifras del Ministerio de Agricultura, la región Norte, especialmente el Cibao, representa el 91.5% de la producción nacional, lo que la convierte en el principal eje arrocero del país. Dentro de esta zona, la provincia Duarte lidera ampliamente, seguida por Montecristi, La Vega y Sánchez Ramírez, que también tienen una participación importante en el volumen total.
Otras provincias como María Trinidad Sánchez, Valverde, Samaná, Monseñor Nouel y Santiago también contribuyen a la producción, aunque en menor proporción. Fuera del Cibao, la actividad arrocera se distribuye en menor escala en las regiones Sur, Este y Central, que en conjunto aportan una parte reducida del total nacional.
La producción anual se calcula en alrededor de un millón de toneladas de arroz paddy, es decir, el grano recién cosechado, lo que equivale a más de 14 millones de quintales de arroz blanco destinados principalmente al consumo interno. Este volumen permite que el país mantenga un alto nivel de abastecimiento propio, un factor considerado estratégico en términos de seguridad alimentaria.
El rendimiento promedio del cultivo se ubica en más de 5,500 kilos por hectárea, un nivel que refleja la importancia de la tecnificación y, sobre todo, del uso de sistemas de riego. De hecho, casi la totalidad del arroz dominicano se produce bajo riego, lo que demuestra la fuerte dependencia de la infraestructura hídrica para sostener la actividad.
Además del peso en la alimentación, el arroz tiene un impacto económico significativo en las zonas rurales. Se estima que más de 300,000 personas participan directa o indirectamente en la cadena productiva, que incluye labores de campo, transporte, procesamiento y comercialización. También se calcula que unos 30,000 productores se dedican a la siembra del cereal, mientras que más de un centenar de molinos industriales se encargan del procesamiento.
El área sembrada alcanza aproximadamente 1.5 millones de tareas, mientras que la superficie cosechada anual supera los 3 millones, debido a que en muchas zonas se realizan dos ciclos por año. Este sistema permite mantener una oferta constante y responder a la alta demanda interna.
El consumo per cápita se ubica en torno a 127 libras por persona al año, lo que confirma que el arroz es uno de los pilares de la alimentación en el país y explica la prioridad que tiene dentro de las políticas agrícolas.
El desafío para el sector es mantener la productividad, mejorar la eficiencia del riego y sostener la rentabilidad de los productores en un contexto de costos crecientes y competencia internacional, factores que obligan a seguir fortaleciendo la producción nacional para garantizar el abastecimiento.

