Brasil

Rusia limita fertilizantes y golpea a Brasil en plena siembra

El mayor importador mundial enfrenta un triple shock de oferta que encarece insumos y pone presión sobre la próxima campaña

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

La decisión de Rusia de mantener límites a sus exportaciones de fertilizantes vuelve a tensionar el mercado global y golpea de lleno a Brasil, el mayor importador mundial de estos insumos. El gobierno ruso extendió el esquema de cupos hasta noviembre, con un tope cercano a 20 millones de toneladas, en un momento donde la oferta internacional ya enfrenta restricciones por conflictos geopolíticos y decisiones comerciales de otros grandes proveedores.

El impacto es directo. Brasil importa cerca del 85% de los fertilizantes que utiliza, lo que lo deja altamente expuesto a cualquier alteración en el comercio global. Solo en 2025, el país adquirió más de 45 millones de toneladas, de las cuales Rusia aportó una parte central. Esta dependencia convierte cualquier ajuste en Moscú en un factor que repercute inmediatamente en los costos de producción.

Costos en alza y presión sobre la campaña

El peso de los fertilizantes en la estructura productiva es significativo. Representan entre 30% y 40% de los costos operativos, por lo que cualquier suba impacta directamente en los márgenes. En regiones clave como Mato Grosso, Paraná y São Paulo, donde se concentra gran parte de la producción de soja y maíz, el encarecimiento de los insumos ya empieza a reflejarse en las decisiones de los productores.

La situación se vuelve más compleja por el tipo de productos involucrados. Brasil depende casi por completo de importaciones de potasio y mantiene una fuerte dependencia de Rusia en nitrato de amonio, lo que limita la capacidad de reemplazo en el corto plazo.

A esto se suma un dato que preocupa al sector: la combinación de factores externos que reducen la disponibilidad global. La interrupción de rutas clave en Medio Oriente afecta el flujo de fertilizantes, mientras que China mantiene restricciones a sus exportaciones de fosfatos, lo que reduce aún más las alternativas.

Tres factores que ajustan la oferta global

El mercado enfrenta una presión simultánea desde distintos frentes. Por un lado, los límites impuestos por Rusia responden a la necesidad de asegurar su propia producción agrícola. Por otro, la menor disponibilidad desde el Golfo Pérsico recorta una porción relevante del comercio internacional.

China, que había incrementado sus exportaciones en años anteriores, también redujo su presencia en el mercado, lo que impacta en productos clave para la fertilización de cultivos extensivos. El resultado es una menor oferta disponible y precios en ascenso.

En Brasil, el valor de algunos fertilizantes ya muestra incrementos sostenidos en lo que va del año, lo que anticipa un escenario de mayores costos para la próxima campaña.

Frente a este escenario, el gobierno y el sector privado avanzan en estrategias para reducir la dependencia externa. Entre las medidas aparece la reactivación de plantas de producción local y nuevos proyectos de inversión en fertilizantes.

Sin embargo, estos desarrollos requieren tiempo. La mayoría de las iniciativas no tendrá impacto en el corto plazo, lo que obliga a sostener la dependencia de importaciones para la campaña 2026/27.

En paralelo, Brasil busca diversificar proveedores, con mayor participación de países como Marruecos y Canadá. Aun así, el proceso es gradual y no compensa de inmediato la menor disponibilidad global.

Impacto más allá de Brasil

El efecto no queda dentro de las fronteras brasileñas. El país es uno de los principales exportadores mundiales de soja, maíz, azúcar, carne y café, por lo que cualquier aumento en sus costos productivos se traslada a los precios internacionales.

El encarecimiento de los fertilizantes puede derivar en dos caminos: menor superficie sembrada o mayores precios de los alimentos. Ambos escenarios tienen impacto en los mercados globales, especialmente en un contexto donde la seguridad alimentaria ya enfrenta desafíos.

La evolución del suministro en los próximos meses será determinante. Con la siembra acercándose, el acceso a fertilizantes se convierte en una variable central para definir el resultado de la campaña y su efecto en la oferta global de alimentos.

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