México

La sequía afloja en México tras el colapso hídrico de 2024, pero no desaparece

Tras un 2024 crítico, la sequía retrocedió a mínimos de seis años en México, aunque regiones estratégicas siguen bajo presión hídrica.

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La sequía en México muestra una marcada recuperación luego de uno de los años más críticos en materia hídrica. De acuerdo con el Monitor de Sequía de México, actualmente solo el 7,4% del territorio nacional presenta insuficiencia de lluvias, el nivel más bajo registrado desde enero de 2020, según datos del Servicio Meteorológico Nacional (SMN).

El contraste con el escenario de 2024 es contundente. A mediados de enero del año pasado, el 40% del país enfrentaba algún grado de sequía, mientras que un 15% se encontraba en condiciones extremas o excepcionales. El punto más crítico se alcanzó en mayo de 2024, cuando la falta de precipitaciones afectó al 76% del territorio, comprometiendo tanto a la producción agropecuaria como al abastecimiento de agua.

La mejora registrada en el inicio de 2026 está asociada a precipitaciones superiores al promedio histórico durante la primera quincena de enero. El SMN explicó que estas lluvias se concentraron en el noroeste, norte, sur y oriente del país, impulsadas por el paso de los frentes fríos 27 y 28 y por el desarrollo de una tormenta invernal, factores que contribuyeron a recomponer el balance hídrico en varias regiones clave.

Como resultado, zonas que venían arrastrando sequías de moderada a severa lograron una mejora significativa. Estados como Sonora, Chihuahua, Coahuila y Tabasco redujeron su nivel de afectación, ofreciendo un alivio para la actividad agrícola y ganadera. En paralelo, la Península de Baja California y el Pacífico Sur no registran actualmente impactos por sequía.

Sin embargo, el panorama sigue siendo heterogéneo. La falta de lluvias en el noreste, el centro-occidente y la península de Yucatán provocó un avance de sequía de moderada a extrema en el norte de Tamaulipas, una región sensible tanto por su peso productivo como por su ubicación estratégica.

En ese sentido, la cuenca del Río Bravo se mantiene como el foco más delicado. Allí, el 33,1% de la superficie presenta déficit de precipitaciones, una situación que genera especial atención debido a que esta región es clave para el cumplimiento del tratado bilateral de entrega de agua a Estados Unidos firmado en 1944. Cualquier deterioro adicional podría reavivar tensiones en el manejo transfronterizo del recurso hídrico.

El estado de las presas aporta una señal mixta. Según los datos oficiales, las 210 presas principales del país almacenan actualmente 84.411 millones de metros cúbicos de agua, lo que equivale al 63% de su capacidad total. Si bien el nivel es relativamente estable, representa un faltante del 3% respecto del promedio histórico, un dato que mantiene la cautela de cara a los próximos meses.

Para el sector agropecuario, la mejora de las condiciones climáticas ofrece un respiro tras un ciclo extremadamente adverso, aunque la persistencia de focos de sequía en regiones estratégicas obliga a seguir de cerca la evolución de las lluvias. El desafío, advierten los especialistas, será consolidar la recuperación hídrica y evitar que eventuales déficits regionales vuelvan a escalar como ocurrió en 2024.

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