La soja firma una de sus peores zafras en diez años y el maíz se prepara para crecer
La sequía golpeó con fuerza a la oleaginosa en Uruguay, mientras la colza lidera la siembra de invierno y el maíz se perfila como el cultivo de mayor expansión para la próxima campaña.
La cosecha de soja 2025/26 entra en su etapa final en Uruguay con resultados que dejan poco margen para el optimismo. Tras varios meses marcados por la falta de lluvias, la campaña se encamina a ubicarse entre las tres peores de los últimos diez años, con rendimientos promedio que difícilmente superen los 1.500 kilos por hectárea y situaciones especialmente críticas en algunas zonas del litoral sur, donde los productores registraron productividades de apenas 500 a 600 kilos por hectárea.
Aunque la sequía fue el factor determinante detrás de las pérdidas, las labores de cosecha pudieron desarrollarse con relativa normalidad gracias a la firmeza de los suelos. Las condiciones permitieron avanzar rápidamente y, en muchos casos, las sembradoras comenzaron a trabajar apenas terminaba la recolección de los lotes. El principal desafío de las últimas semanas estuvo vinculado a la humedad del grano, una situación habitual para esta época del año que ralentizó el tramo final de la cosecha.
Los resultados confirman el fuerte impacto que tuvo el déficit hídrico sobre el principal cultivo agrícola del país. La caída de los rendimientos afectó la rentabilidad de numerosos productores y volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de la agricultura de secano frente a eventos climáticos extremos.
La colza lidera la campaña de invierno
Mientras la soja transita sus últimas etapas, la atención de los productores ya está puesta en los cultivos de invierno. En este escenario, las brásicas aparecen como las grandes protagonistas de la nueva campaña.
La colza encabeza las preferencias de siembra y concentra gran parte de las decisiones de inversión de los agricultores. Junto con la camelina y la carinata, estas especies ya alcanzan entre el 90% y el 95% del área proyectada, con implantaciones que muestran un desarrollo favorable en buena parte de las zonas agrícolas.
El avance de la colza responde a varios factores. Por un lado, los productores observan oportunidades comerciales atractivas y, por otro, existe cierta cautela respecto a las gramíneas tradicionales debido a las perspectivas climáticas para la primavera.
En contraste, el trigo y la cebada registrarían una ligera reducción de superficie respecto al ciclo anterior. Las decisiones finales dependerán en gran medida del comportamiento climático durante junio, un mes clave para completar las siembras antes de que se cierre la ventana óptima para ambos cultivos.
Los especialistas consideran que las precipitaciones previstas para los próximos días serán determinantes para confirmar la superficie definitiva que ocuparán el trigo y la cebada en la campaña 2026.
El maíz gana protagonismo para el próximo verano
Más allá de los cultivos de invierno, las primeras proyecciones para la campaña 2026/27 muestran un creciente interés por el maíz de primera.
La demanda sostenida proveniente de la producción ganadera, los corrales de engorde, la lechería y la avicultura continúa fortaleciendo las perspectivas para este cereal. A ello se suma la expectativa de una fase climática más favorable para los cultivos estivales asociada al desarrollo de El Niño.
Según las estimaciones del sector, el maíz podría ocupar parte del espacio que dejaría la reducción de área en trigo, impulsando un crecimiento de la superficie destinada al cereal. Las proyecciones incluso plantean la posibilidad de superar las 300.000 hectáreas de maíz, una cifra que hace apenas algunos años parecía difícil de alcanzar dentro del esquema agrícola uruguayo.
La soja, sin embargo, mantendría su posición dominante dentro de la agricultura nacional. Aunque el maíz podría avanzar en algunas zonas, la oleaginosa seguiría siendo el principal cultivo de verano por superficie sembrada. Además, una mayor integración con el sector arrocero podría compensar parcialmente cualquier ajuste de área en determinadas regiones.
Semillas más caras tras una campaña difícil
La sequía también dejó consecuencias sobre la producción de semillas para la próxima zafra. Las condiciones climáticas complicaron el desarrollo de los semilleros y obligaron a una selección más rigurosa de los lotes destinados a la producción de semilla certificada.
Para asegurar el abastecimiento, las empresas recurrieron a zonas con mejor comportamiento hídrico y complementaron parte de la oferta mediante importaciones desde Argentina. Esta estrategia permitiría garantizar la disponibilidad necesaria para la campaña 2026/27 sin comprometer los estándares de calidad.
Sin embargo, el costo será mayor. El precio de la semilla de soja podría aumentar entre 15% y 20% respecto a la zafra anterior, impulsado principalmente por el incremento del valor internacional del grano, que pasó de niveles cercanos a US$ 350-360 por tonelada a valores próximos a US$ 400.
En paralelo, el mercado de genética agrícola continúa mostrando movimientos relevantes. El grupo GDM prepara el lanzamiento formal de la marca de maíz Illinois en Uruguay, respaldado por materiales que ya mostraron resultados competitivos durante su primera campaña comercial.
Tras una zafra marcada por la sequía y los bajos rendimientos, el sector agrícola comienza a reorganizar sus estrategias productivas. Mientras la soja intenta dejar atrás una de las campañas más difíciles de la última década, la colza y el maíz aparecen como las apuestas que concentran buena parte de las expectativas para los próximos ciclos.

