Perú

El suelo peruano en alerta: millones de hectáreas pierden productividad por un error clave

Especialistas advierten que millones de hectáreas agrícolas están en riesgo por una práctica extendida que compromete la sostenibilidad y la seguridad alimentaria.

AgroLatam
Red de periodistas especializados en agroindustria y agroalimentación en LATAM. Cobertura integral del ecosistema agropecuario.

La agroindustria peruana enfrenta un desafío estructural que va más allá del clima o los precios internacionales. Un manejo inadecuado del suelo amenaza la productividad de 14,2 millones de hectáreas de uso agropecuario, en un contexto marcado por la expansión acelerada de la frontera agrícola y decisiones técnicas tomadas sin información previa.

En las últimas cuatro décadas, la superficie cultivada en Perú creció cerca de 4 millones de hectáreas, pero ese avance no siempre estuvo acompañado por prácticas sostenibles. El resultado es un deterioro progresivo de los suelos, especialmente en la costa y la sierra, donde se multiplican los suelos salinos y sódicos, con baja capacidad para retener agua y nutrientes.

El suelo peruano en alerta: millones de hectáreas pierden productividad por un error clave

El problema central, según coincidieron especialistas del sector público, es la falta de diagnóstico del suelo antes de iniciar una campaña agrícola. Esta práctica, ampliamente difundida entre pequeños y medianos productores, fue señalada como uno de los principales factores de riesgo durante la conferencia "SOS de los suelos e instrumentos de gestión y estudios de impacto ambiental para la sostenibilidad agraria", organizada por el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego (Midagri).

Desde el Instituto Nacional de Innovación Agraria (INIA), el especialista Alberto Cortez remarcó que el punto de partida debe ser siempre la aptitud natural de la tierra.
"El cultivo tiene que adaptarse al suelo y no al revés", sostuvo, al explicar que los análisis permiten definir si un terreno es más adecuado para cultivos anuales, permanentes, pasturas, forestación o incluso áreas de protección.

Cortez subrayó además la importancia de identificar la presencia de sales solubles. En casos de salinidad, la estrategia no pasa por corregir el suelo sino por elegir especies tolerantes, como ocurre en Ica, donde se desarrollan cultivos de exportación como espárrago, higo y granada.

El enfoque técnico también apunta a preservar el recurso en el largo plazo. Para los especialistas, sostener la productividad implica recuperar y restaurar los suelos degradados, no solo mantener rendimientos en el corto plazo.

En la misma línea, el investigador Kenyi Matos Quispe vinculó el manejo del suelo con la seguridad alimentaria y la economía rural.
"El crecimiento de la superficie agrícola debe ir acompañado de un nuevo enfoque que conserve la fertilidad natural sin sacrificar productividad", afirmó, destacando el impacto directo en los ingresos de los pequeños productores.

Uno de los problemas más extendidos es la acidez del suelo. Más del 50% del territorio peruano presenta niveles de pH inferiores a 5,5, lo que limita la disponibilidad de nutrientes y acelera la degradación. Frente a este escenario, Matos cuestionó la dependencia casi exclusiva de los fertilizantes tradicionales.

"La planta necesita 17 nutrientes, no solo nitrógeno, fósforo y potasio", explicó, enumerando macro y micronutrientes esenciales que suelen quedar fuera de los planes de fertilización. A la acidez se suman otros factores críticos como la sodicidad, la compactación física y la pérdida de fertilidad biológica.

Desde el plano institucional, el especialista Manuel Humán, de la Dirección General de Asuntos Ambientales Agrarios del Midagri, recordó que el país cuenta con un nuevo Reglamento Ambiental, vigente desde junio de 2024. Esta normativa busca alinear las prácticas agrarias con los estándares internacionales y las exigencias del cambio climático, simplificando los instrumentos de gestión ambiental necesarios para operar.

Como herramienta concreta para los productores, el INIA impulsa la campaña "Perú 2M", que apunta a analizar dos millones de muestras de suelo en todo el país. El objetivo es construir un mapa nacional de fertilidad, que sirva como base para planificar siembras, diseñar planes de fertilización y avanzar hacia un manejo más eficiente del recurso.

El avance desordenado de ciertos cultivos refuerza la urgencia del diagnóstico. La palma aceitera multiplicó su superficie más de diez veces desde 1985, mientras que el arroz creció cerca de 200% en el mismo período, consolidándose como los dos cultivos con mayor expansión territorial en Perú.

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