Tecnología en el agro dominicano reduce uso de mano de obra extranjera
La mecanización agrícola comienza a transformar la producción en República Dominicana: en zonas arroceras la participación de trabajadores extranjeros cayó del 18% al 7%.
La modernización tecnológica del agro en República Dominicana comienza a mostrar impactos concretos en la organización del trabajo rural. La incorporación de maquinaria y herramientas digitales en la producción agrícola está permitiendo reducir la dependencia de mano de obra extranjera en algunas zonas productivas, especialmente en los sistemas arroceros.
Durante el Cuarto Congreso Nacional de Productores Agropecuarios, realizado en Punta Cana, autoridades del país destacaron que el proceso de tecnificación del campo se ha convertido en un eje estratégico para aumentar la productividad y mejorar la competitividad del sector.
En ese contexto, la vicepresidenta dominicana señaló que proyectos piloto impulsados en áreas agrícolas del noroeste del país están mostrando resultados concretos. Uno de los ejemplos mencionados fue la estación experimental arrocera ubicada en Monte Cristi, donde la introducción de maquinaria moderna permitió reducir la participación de trabajadores extranjeros del 18% al 7% en las labores productivas.
El modelo combina mecanización agrícola, sistemas de riego tecnificado y capacitación técnica, lo que permite realizar tareas que antes requerían grandes cuadrillas de trabajadores. Entre las operaciones que han incorporado maquinaria se encuentran la siembra, la preparación de suelos y parte de la cosecha.
Además del impacto en la estructura laboral, el proceso también apunta a reducir tiempos de trabajo, mejorar rendimientos y aumentar la eficiencia productiva, aspectos que el Gobierno dominicano considera centrales para la seguridad alimentaria del país.
La experiencia desarrollada en Monte Cristi forma parte de un programa más amplio de agricultura resiliente, que busca adaptar la producción a los desafíos climáticos y fortalecer la sostenibilidad del sistema agroalimentario. Según autoridades del sector, el objetivo es replicar este tipo de iniciativas en otras regiones agrícolas del país en los próximos años.
Los avances tecnológicos también están vinculados con la estrategia oficial de alcanzar la meta de "hambre cero" hacia 2028, impulsando una mayor producción de alimentos y fortaleciendo las capacidades productivas del sector rural.
De acuerdo con datos de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), República Dominicana ha logrado reducir su índice de subalimentación en los últimos años. La proporción de población con acceso insuficiente a alimentos cayó del 8,3% en 2020 al 3,6% en 2025, reflejando mejoras en la disponibilidad y el acceso a productos agrícolas.
El proceso de modernización también está impactando en el desempeño económico del sector. Las exportaciones agropecuarias dominicanas alcanzaron los US$3.690 millones en 2025, lo que representó un crecimiento cercano al 9% respecto del año anterior, impulsado por mayores niveles de eficiencia productiva y la incorporación de nuevas tecnologías en el campo.
En el caso del arroz, uno de los cultivos más importantes para la seguridad alimentaria del país, la producción alcanzó 14,78 millones de quintales, consolidando al cereal como uno de los pilares del sistema agroalimentario dominicano.
A pesar del avance tecnológico, el agro continúa siendo uno de los principales generadores de empleo en el país. El sector emplea a más de 300.000 personas, lo que lo posiciona entre las actividades económicas con mayor impacto social en las zonas rurales.
Sin embargo, datos del Banco Central de la República Dominicana indican que en 2025 el empleo agrícola registró una leve caída interanual. El número de trabajadores pasó de 361.789 en 2024 a 347.313 en 2025, lo que representa una reducción del 4%.
Especialistas señalan que parte de esta disminución está vinculada precisamente al avance de la mecanización y la tecnificación de las labores agrícolas, una tendencia que se observa en numerosos sistemas productivos de América Latina.
En ese escenario, uno de los desafíos para el sector será integrar a las nuevas generaciones al campo, promoviendo la capacitación en tecnologías agrícolas, manejo digital de cultivos y sistemas productivos más eficientes.

