Uruguay

Biocombustibles y proteína en soja: los dos frentes que marcan el pulso agrícola en Uruguay

Camelina y carinata ganan espacio en la región y fortalecen la oferta para el mercado de energías renovables, mientras la soja enfrenta desafíos por la caída en proteína.

AgroLatam
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El avance de los biocombustibles sostenibles está impulsando cambios profundos en los sistemas agrícolas de Uruguay y la región. La industria energética global exige cada vez más materias primas certificables, un escenario donde camelina y carinata se consolidan como alternativas con fuerte proyección por su aporte a la diversificación y por su compatibilidad con los criterios ambientales internacionales.

Ambas especies, oleaginosas de invierno pertenecientes a la familia de las Brassicaceae, cumplen con los requisitos de sostenibilidad exigidos por las normas RED europeas y la RSB, lo que las habilita como insumos para producir combustible sostenible de aviación (SAF), uno de los segmentos con mayor crecimiento proyectado.

En la zafra 2025, Uruguay sembró unas 10.000 hectáreas de camelina y 33.500 de carinata, y el área total de brassicas -incluyendo canola- alcanzó el 34% del área agrícola invernal, según expuso Joaquín Basso (Cargill) durante el 14° Encuentro de la Mesa Tecnológica de Oleaginosos. La expectativa del sector es que la carinata pueda incluso duplicar su superficie en la próxima campaña.

Además del potencial industrial, estos cultivos aportan beneficios agronómicos: mejoran la estructura del suelo, reducen presión de plagas y permiten diversificar mercados al vincular al productor con la cadena de aceites y biocombustibles, menos expuesta a la volatilidad que afecta a los granos tradicionales.

Impacto futuro y contexto internacional del SAF

La demanda global de SAF crecerá con fuerza en las próximas décadas, aunque la oferta no alcanzaría los niveles necesarios para cumplir las metas climáticas. Estimaciones de Worley Consulting e IATA proyectan una capacidad potencial de 412 millones de toneladas hacia 2050, frente a una demanda que superaría las 500 Mt, lo que generaría un déficit persistente.

Europa impulsa el uso de SAF a través del programa ReFuelEU Aviation, que prohíbe cultivos alimentarios y establece metas graduales de incorporación: 2% en 2025, 6% en 2030, 20% en 2035 y 70% en 2050. Estados Unidos avanza en una dirección distinta, con incentivos fiscales y programas estatales sin mandatos obligatorios. En ese contexto, Uruguay posee ventajas naturales y una estructura agroexportadora que podría posicionarlo como proveedor confiable de materias primas certificadas.

Un desafío paralelo: la caída de la proteína en la soja uruguaya

Mientras los biocombustibles abren una oportunidad estratégica, el país enfrenta un desafío creciente: la caída sostenida del porcentaje de proteína en la soja, que en la zafra 2023-2024 alcanzó un piso histórico, incluso por debajo de Argentina. Según Sebastián Mazzilli (INIA), la magnitud del problema exige acción, aunque las causas no están totalmente claras.

La variabilidad entre años es muy alta y no existe una correlación directa entre rinde y proteína. La degradación de suelos, errores en inoculación, estrés hídrico y térmico durante el llenado de grano y la interacción genotipo-ambiente figuran entre los factores más influyentes. Mazzilli destacó que en ambientes con estrés la proteína tiende a caer, mientras que el riego -aunque limitado al 6% del área agrícola nacional- muestra que es posible mantener rendimientos altos sin sacrificar calidad.

La temperatura también incide: subas moderadas pueden elevar la proteína, pero si coinciden con sequía o golpes de calor mayores a 32 °C en R5-R7, el efecto se revierte. La disponibilidad de nitrógeno -derivada de la fijación biológica y del estado del suelo- es otro elemento central. Incluso se investiga el rol del azufre y de ciertos micronutrientes, más relacionados a la nodulación que a la proteína en sí.

En paralelo, los datos de inoculación muestran oportunidades claras de mejora. Aunque casi la mitad de la semilla es preinoculada, buena parte se almacena en galpones donde tiempo y temperatura afectan la supervivencia del inoculante. Además, persisten errores en la secuencia de aplicación de curasemillas y agroquímicos.

INIA anunció que trabaja en variabilidad genética, explorando materiales provenientes de fuentes no tradicionales que podrían elevar la proteína sin penalizar el rendimiento. Se plantean acciones conjuntas con la ACG y un programa financiado con fondos FPTA para recopilar datos, analizar prácticas y avanzar en nuevas líneas de mejoramiento.

Para Uruguay, el desafío es doble: aprovechar la expansión global de los biocombustibles y, al mismo tiempo, recuperar la competitividad de su soja en un mercado que premia calidad y estabilidad.

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