Agricultura

Agua y mejores precios impulsan al arroz uruguayo, pero falta una decisión clave

Con las represas recuperadas y mejores precios internacionales, los arroceros se preparan para sembrar. Un financiamiento de US$500 por hectárea sigue pendiente.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

Uruguay se encamina hacia el inicio de la siembra de arroz 2026/27 con una intención de entre 155.000 y 158.000 hectáreas, apenas alrededor de 3% por debajo del ciclo anterior, mientras las recientes lluvias mejoraron las reservas de agua y los precios internacionales muestran señales de recuperación. Sin embargo, a pocos días de que las máquinas comiencen a entrar en las chacras, los productores todavía esperan conocer cómo se instrumentará un crédito puente de US$500 por hectárea, una herramienta que puede resultar determinante para financiar la nueva campaña.

La combinación de agua disponible y una recuperación de las referencias externas cambió parcialmente el panorama con el que el sector atravesó los últimos meses. Mantener una superficie cercana a la campaña anterior es especialmente importante para una actividad que necesita volumen para distribuir costos y sostener su capacidad comercial. Por eso, una reducción limitada al entorno del 3% sería considerablemente menos severa que un escenario de fuerte retracción del área.

El clima aportó una de las primeras respuestas que necesitaban los productores. Las precipitaciones registradas durante las últimas semanas permitieron recuperar el nivel de numerosas represas en las regiones arroceras del este, centro y norte del país. La disponibilidad de agua para riego aparece ahora considerablemente más asegurada, eliminando uno de los principales interrogantes técnicos antes de comenzar una campaña de un cultivo altamente dependiente del manejo hídrico.

Hasta US$79 millones podrían estar vinculados al crédito por hectárea

La incógnita financiera, en cambio, continúa abierta. El esquema discutido entre el Poder Ejecutivo, los productores y la industria contempla un crédito puente de US$500 por hectárea, administrado mediante cuentas individuales y al que cada productor podría optar por acceder. Los lineamientos conocidos plantean además un período de devolución de entre 7 y 10 años, con participación del Estado y la industria como garantes.

Si se toma como referencia una superficie potencial de 158.000 hectáreas, el equivalente teórico del financiamiento alcanzaría los US$79 millones en caso de que toda el área accediera al instrumento. La cifra sirve para dimensionar el alcance potencial del mecanismo, aunque no significa que ese monto vaya a ser efectivamente solicitado: la adhesión sería voluntaria y todavía no se conocen los detalles definitivos de implementación.

El planteo también contempla la conformación de un fondo solidario mediante aportes de los propios productores. La intención es que pueda asumir progresivamente funciones de garantía y, al mismo tiempo, constituirse en una reserva para enfrentar eventuales períodos críticos del sector. La definición operativa depende ahora del Ministerio de Economía y Finanzas, mientras se acorta el margen disponible antes de que las decisiones de siembra queden cerradas.

En las chacras, mientras tanto, los trabajos comenzaron a acelerarse. La recuperación de las reservas hídricas permitió avanzar con la preparación de los lotes y mantiene abierta la posibilidad de iniciar la implantación durante la segunda quincena de septiembre, una ventana considerada favorable para el desarrollo del cultivo.

El arroz vuelve a mirar al mercado internacional

El segundo factor que mejora las expectativas proviene de los precios. Las últimas operaciones muestran referencias internacionales del arroz paddy ubicadas aproximadamente entre US$385 y US$390 por tonelada, después de meses en los que la situación comercial ejerció presión sobre las perspectivas de la cadena uruguaya.

Entre los elementos que están influyendo sobre el mercado aparecen dificultades logísticas en puertos relevantes, conflictos internacionales, problemas climáticos en regiones productoras de Asia y una reducción de la superficie arrocera estadounidense. La combinación está aportando mayor firmeza a las cotizaciones, aunque la evolución del mercado durante los próximos meses continuará siendo determinante para el resultado económico de la campaña.

La recuperación adquiere además importancia porque alrededor del 35% del arroz de la zafra anterior todavía permanece por comercializar. Tener una proporción relevante de la cosecha disponible cuando las referencias externas mejoran puede favorecer la negociación del precio definitivo que deberá establecerse posteriormente. El valor provisorio había quedado fijado en US$9,10, por lo que el comportamiento de las ventas restantes será seguido especialmente por los productores.

Para Uruguay, sostener el área tiene una importancia que excede la producción individual de cada establecimiento. Una mayor cantidad de toneladas permite distribuir costos asociados a la estructura productiva, industrial y exportadora, además de mantener volumen disponible para atender los mercados externos. De allí que la diferencia entre sembrar cerca de 158.000 hectáreas o registrar una caída más pronunciada tenga consecuencias sobre toda la cadena.

El comienzo de la campaña encuentra así al arroz con dos variables importantes jugando a favor: agua para regar y precios internacionales más firmes. La tercera todavía depende de una resolución administrativa. Con la segunda mitad de septiembre como punto de partida para las primeras siembras, la instrumentación definitiva del crédito de US$500 por hectárea será uno de los últimos elementos que los productores deberán incorporar antes de definir cuánto arroz terminará efectivamente implantándose.

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