Venezuela reduce la siembra de maíz y crece la dependencia externa
La producción local apenas cubre la mitad de la demanda interna y productores venezolanos recortan área sembrada por clima, costos y falta de financiamiento.
La producción de maíz en Venezuela atraviesa uno de sus momentos más delicados de los últimos años. La combinación de sequía, falta de financiamiento y creciente presión de las importaciones está llevando a muchos productores a reducir sus planes de siembra para el próximo ciclo agrícola. Según referentes del sector, la producción local apenas alcanza para cubrir la mitad de la demanda interna, mientras el resto depende del ingreso de maíz desde Brasil y Argentina.
Saúl Elías López, presidente de la Sociedad Venezolana de Ingenieros Agrónomos y Afines, advirtió que el escenario climático genera una fuerte preocupación entre los agricultores. Aunque durante 2025 se sembraron unas 305 mil hectáreas de maíz, el temor a períodos de sequía más prolongados ya comenzó a modificar las decisiones productivas de cara a la nueva campaña.
El dirigente explicó que muchos productores están reduciendo drásticamente el área que tenían prevista sembrar. Algunos establecimientos que planeaban trabajar hasta 400 hectáreas ahora evalúan cultivar apenas la mitad para disminuir el riesgo económico ante la incertidumbre climática y la ausencia de respaldo financiero.
Productores frenan inversiones por temor a pérdidas
La preocupación del sector no pasa únicamente por la falta de lluvias. Los productores también enfrentan dificultades para acceder a créditos, altos costos operativos y una creciente incertidumbre sobre los precios del mercado interno.
En paralelo, el aumento de las importaciones de maíz genera inquietud entre los agricultores venezolanos, que temen un impacto directo sobre la rentabilidad local. Actualmente, cerca del 50 % del consumo nacional depende del ingreso de cereal importado, principalmente desde Brasil y Argentina.
Desde el sector agrícola sostienen que esta situación desalienta nuevas inversiones y limita la expansión de la superficie sembrada. Incluso algunos analistas advierten que la caída del área cultivada podría profundizarse si no aparecen mecanismos de financiamiento y herramientas de cobertura frente al riesgo climático.
La situación también expone la fragilidad estructural del sistema agrícola venezolano. "Todo el riesgo lo asume el productor", señaló López al reclamar políticas que permitan sostener la actividad y mejorar la competitividad del agro nacional.
Reclaman seguros agrícolas y tecnología para enfrentar la sequía
Ante este panorama, los ingenieros agrónomos venezolanos insisten en avanzar hacia una modernización del sistema productivo. Entre las principales propuestas aparece el fortalecimiento de la red hidrometeorológica nacional para mejorar la capacidad de anticipar eventos extremos y reducir pérdidas en las cosechas.
También reclaman el desarrollo de seguros agrícolas que permitan proteger a los productores frente a sequías o fenómenos climáticos cada vez más frecuentes en la región.
El sector considera que incorporar tecnología, sistemas predictivos y herramientas financieras será clave para evitar una mayor dependencia de las importaciones en los próximos años.
Mientras tanto, la mirada del mercado ya está puesta en la cosecha del ciclo 2026, prevista entre octubre y noviembre. La expectativa de los productores dependerá en gran parte de la evolución del clima y de la posibilidad de contar con condiciones más estables para sostener la siembra de uno de los cultivos más importantes para la alimentación venezolana.

