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Yuca en Colombia: una enfermedad compleja compromete raíces y rendimientos

El cuero de sapo avanza de forma silenciosa en las zonas productoras de yuca y puede provocar pérdidas totales. Investigaciones recientes explican su origen y marcan claves para reducir el impacto.

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La yuca es uno de los cultivos más relevantes para la seguridad alimentaria y la economía rural de Colombia, con unas 200.000 hectáreas sembradas, más de dos millones de toneladas producidas por año y presencia en todos los departamentos del país. Sin embargo, este cultivo estratégico enfrenta una de sus mayores amenazas fitosanitarias: la enfermedad conocida como cuero de sapo, un problema capaz de generar pérdidas de hasta el 100 % en la producción de raíces y que sigue desafiando a productores, técnicos, investigadores y a la propia agroindustria.

En el país, el cuero de sapo fue identificado por primera vez en 1971 en el departamento del Cauca y, desde entonces, ha causado pérdidas superiores al 90 % en distintos municipios, con especial impacto en Córdoba, Sucre, Valle del Cauca, Tolima y Meta. La enfermedad no es exclusiva de Colombia: también fue reportada en Brasil, Paraguay, Venezuela, Honduras y Costa Rica, y se presume que su origen se encuentra en la región amazónica.

Los síntomas característicos se expresan en las raíces, lo que dificulta su detección temprana en campo. En los casos iniciales se observan fisuras leves, mientras que en situaciones más avanzadas aparece un engrosamiento severo y endurecimiento de la corteza, que adquiere una textura similar al corcho o a la piel de un sapo. En los cuadros más graves, las raíces dejan de engrosar, pierden su capacidad de almacenar almidón, se vuelven fibrosas y pierden valor comercial, comprometiendo directamente el rendimiento y la rentabilidad del cultivo.

Durante décadas se consideró que el cuero de sapo era causado por un solo patógeno. Sin embargo, investigaciones recientes demostraron que se trata de una enfermedad compleja, asociada a la interacción entre virus y fitoplasmas. Entre los principales agentes identificados se encuentran el Cassava Frogskin Associated Virus (CsFSaV), distintos torradovirus y un fitoplasma del grupo 16SrIII.

Estudios realizados en Colombia por AGROSAVIA en colaboración con la Alianza Bioversity-CIAT confirmaron que los torradovirus, incluso en infecciones individuales, pueden ser suficientes para causar la enfermedad. Este hallazgo refuerza la importancia de diagnósticos moleculares precisos y de un control sanitario estricto del material de siembra, uno de los puntos más críticos del sistema productivo.

El cuero de sapo es una enfermedad sistémica, lo que implica que se disemina por toda la planta a través de la savia. Su principal vía de propagación es el uso de estacas contaminadas como semilla vegetativa, una práctica habitual en el cultivo de yuca. Según explicó el investigador Jaime Alberto Marín, una sola planta enferma puede multiplicar rápidamente el problema, ya que de ella pueden obtenerse estacas suficientes para sembrar diez o más nuevas plantas.

Además, se comprobó que insectos vectores como moscas blancas y cicadélidos pueden participar en la transmisión, aunque la relación específica entre cada patógeno y su vector aún continúa en estudio. Este carácter silencioso y la multiplicación vegetativa explican por qué la enfermedad puede expandirse rápidamente sin ser detectada a tiempo.

Dado que la parte aérea de la planta suele no mostrar síntomas visibles, el diagnóstico molecular se volvió una herramienta clave. Mediante técnicas como RT-PCR y qPCR, los investigadores pueden detectar virus y fitoplasmas en plantas aparentemente sanas, garantizando así la producción de material de siembra libre de patógenos.

Para reducir el riesgo de pérdidas, los especialistas recomiendan una serie de estrategias de manejo prioritarias:

  • Uso de semilla certificada y sana, preferentemente proveniente de vitroplantas indexadas.

  • Selección positiva de plantas madre, revisando cuidadosamente las raíces al momento de la cosecha.

  • Eliminación inmediata de plantas enfermas y de sus tallos para evitar la diseminación.

  • Renovación periódica del material de siembra, al menos cada tres ciclos productivos.

  • Control de insectos plaga y manejo nutricional adecuado del cultivo.

  • Uso de variedades con tolerancia o resistencia, certificadas por instituciones responsables.

El cuero de sapo sigue siendo una de las principales limitantes fitosanitarias del cultivo de yuca en Colombia, especialmente por su alta capacidad de propagación y su carácter poco visible. No obstante, los avances en investigación, diagnóstico molecular y desarrollo de materiales resistentes ofrecen un camino claro para reducir su impacto.

En ese marco, la adopción de buenas prácticas agrícolas y el acceso a semilla con calidad sanitaria serán determinantes para proteger la productividad de la yuca, un cultivo esencial para la alimentación, la industria y el sustento de miles de familias rurales en el país.

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