Alerta en zarzamora: hongo resistente pone en riesgo la producción
Investigaciones advierten que un patógeno clave desarrolla resistencia a fungicidas, afectando rendimientos y estabilidad del cultivo.
El cultivo de zarzamora enfrenta un desafío creciente vinculado a enfermedades fúngicas que afectan su productividad y estabilidad, en un contexto donde la demanda internacional sigue en aumento. Uno de los principales focos de preocupación es la capacidad de ciertos patógenos, como Fusarium oxysporum, de desarrollar resistencia a fungicidas, lo que complica su control y eleva los riesgos para la producción.
México, uno de los principales productores globales de zarzamora, concentra una parte importante de la oferta mundial y destina la mayor parte de su producción a exportación. Esta relevancia convierte a cualquier problema sanitario en un factor con impacto directo sobre el comercio y los precios.
La zarzamora es un cultivo estratégico para la exportación, pero enfrenta riesgos sanitarios crecientes.
Resistencia a fungicidas y mayor presión en el campo
El problema central radica en la evolución del patógeno. Estudios recientes muestran que la exposición repetida a fungicidas puede generar adaptaciones que permiten al hongo sobrevivir y multiplicarse incluso bajo tratamientos químicos. Este comportamiento reduce la eficacia de las herramientas disponibles y obliga a replantear las estrategias de manejo.
Además, se detectaron cambios en el funcionamiento celular del hongo, que favorecerían su desarrollo. Esto implica que la resistencia no solo le permite persistir, sino también mantener o incluso aumentar su capacidad de propagación en el cultivo.
El hongo afecta el sistema radicular y provoca marchitez, reduciendo el rendimiento del cultivo.
En campo, esto se traduce en marchitez, debilitamiento de las plantas y pérdidas de rendimiento, con impacto directo en la calidad de la fruta. La enfermedad puede permanecer en el suelo durante largos períodos, lo que dificulta su erradicación y aumenta el riesgo de reinfección.
A diferencia de otras enfermedades, los patógenos del suelo tienen una alta capacidad de persistencia. Esto obliga a los productores a adoptar medidas más complejas, como rotación de cultivos, manejo integrado y uso racional de insumos.
Otro aspecto relevante es que la resistencia detectada no sería temporal. Algunas cepas mantienen su capacidad de adaptación incluso sin exposición continua a fungicidas, lo que sugiere cambios más estables en su estructura genética.
El impacto potencial alcanza a toda la cadena productiva. Menores rendimientos y mayores costos de control pueden afectar la rentabilidad de los productores y la competitividad en mercados internacionales.
Frente a este escenario, el foco se desplaza hacia el desarrollo de nuevas estrategias de control, tecnologías de monitoreo y variedades más resistentes. La sanidad del cultivo pasa a ser un eje central para sostener la producción en un mercado cada vez más exigente.
La evolución de estos patógenos obliga a repensar el manejo agrícola. En el caso de la zarzamora, el reto no es solo producir más, sino producir con mayor resiliencia frente a enfermedades que avanzan junto con la intensificación del cultivo.

