Agricultura

Bioestimulantes y sequía: la apuesta del agro para sostener rindes en verano

Con altas temperaturas y falta de agua, Aapresid puso bajo la lupa a los bioinsumos como herramienta para mitigar el estrés en soja y otros cultivos de gruesa.

Rodrigo Castañeda
Periodista especializado en agroindustria y mercados. Cubre comercio, políticas públicas y tendencias del sector agropecuario, con enfoque técnico y sostenible.

En pleno verano, con calor extremo y sequía instalada, la Aapresid difundió este 9 de febrero de 2026 un análisis técnico sobre el uso de bioinsumos orientados a la tolerancia al estrés, una tecnología que gana espacio en la agenda del productor ante campañas cada vez más desafiantes. El foco está puesto en sostener rindes y reducir pérdidas, especialmente en soja, un cultivo clave para la economía argentina.

"Los bioinsumos orientados a la tolerancia al estrés buscan acompañar al cultivo, ayudándolo a sostener su funcionamiento metabólico", explicó Alfredo Curá, investigador del CONICET-FAUBA y referente de la Red de Biológicos de Aapresid.

Bioinsumos: acompañar al cultivo en momentos críticos

Bioinsumos: acompañar al cultivo en momentos críticos

Según el informe, dentro de esta categoría se destacan las rizobacterias promotoras del crecimiento vegetal (PGPR), microorganismos que interactúan con la planta e influyen sobre procesos fisiológicos clave. No se trata de productos que modifiquen el ambiente, sino de herramientas que modulan la respuesta de la planta frente al estrés, favoreciendo su capacidad de adaptación.

Entre sus principales efectos se destacan:

  • Mayor desarrollo radicular, que amplía la exploración del suelo.

  • Mejor absorción de agua y nutrientes.

  • Regulación de hormonas y metabolitos asociados al estrés.

  • Sostén de la actividad fotosintética bajo condiciones adversas.

En condiciones reales de producción, estas tecnologías no eliminan el impacto del estrés, pero sí logran atenuarlo, permitiendo que la planta mantenga su metabolismo activo durante más tiempo. Esto se traduce en protección del sistema fotosintético y una menor pérdida de área foliar verde en momentos críticos.

"La clave está en entender que no hay resultados mágicos y que la respuesta depende de múltiples factores", advirtió Curá. El estado fenológico del cultivo, el modo de acción del producto, las condiciones ambientales y la calidad de aplicación son determinantes.

Errores frecuentes y manejo estratégico

Errores frecuentes y manejo estratégico

Desde la Red de Biológicos remarcan que la mayor parte de la variabilidad observada en los resultados a campo se explica por errores de manejo o por expectativas que superan el alcance real de la tecnología.

Por eso, la recomendación es clara: pensar a los bioinsumos como una medida preventiva, incluso cuando el escenario climático es incierto. "El costo de estos consorcios bacterianos ronda entre 3 y 5 dólares por hectárea, una inversión mínima frente al riesgo de pérdidas mucho mayores", señaló Curá.

Relación costo-beneficio en años secos

Relación costo-beneficio en años secos

Uno de los puntos más fuertes aparece en campañas de sequía extrema. Según el reporte, esta especie de "vacuna biológica" permite garantizar un piso de rendimiento en escenarios críticos.

"En ensayos con soja, lotes tratados lograron sostener rindes cercanos a los 1000 kg/ha, frente a testigos que apenas alcanzaron 200 o 300 kg/ha", explicó Curá, validando una relación costo-beneficio altamente favorable para el productor.

Qué muestran los ensayos de la Red de Biológicos

Qué muestran los ensayos de la Red de Biológicos

Durante la campaña 2024/25, la Red evaluó la performance de PGPR en seis sitios, desde el oeste de Buenos Aires hasta Tucumán. Los ensayos se realizaron en condiciones de campo, con el manejo tecnológico habitual de los productores.

Los resultados mostraron respuestas variables:

  • Aplicación en semilla: respuestas significativas en 2 de 6 sitios, con aumentos de 147 a 1356 kg/ha.

  • Aplicación foliar (V4 a R1): mejoras también en 2 de 6 sitios, con incrementos de hasta 114 kg/ha.

"El próximo paso es entender el porqué de estas respuestas, si están vinculadas al ambiente, al momento de aplicación o al modo de acción", explicó Ignacio Sanguinetti, coordinador de la Red.

Una herramienta más dentro del sistema

Una herramienta más dentro del sistema

El mensaje final es contundente: los bioinsumos no reemplazan a la fertilización, la genética ni las buenas prácticas agrícolas. Su aporte se potencia cuando se integran en esquemas de manejo bien diseñados, especialmente en escenarios donde confluyen estrés hídrico, térmico y nutricional.

En un agro argentino atravesado por el clima, los costos y la incertidumbre, anticiparse y manejar mejor puede marcar la diferencia. Y en ese camino, los bioestimulantes empiezan a consolidarse como una herramienta más dentro del sistema productivo.

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