Biotecnología en alfalfa: más tolerancia al anegamiento
Un avance del INTA y Conicet logra alfalfas más tolerantes al exceso hídrico, clave para sostener la producción forrajera.
Un equipo del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet) demostró el 19 de febrero de 2026 que es posible ampliar la tolerancia al anegamiento en alfalfa mediante selección fenotípica recurrente, un avance que importa porque permite sostener la producción forrajera en ambientes con exceso hídrico que hoy limitan rendimientos y afectan de lleno a la lechería y la ganadería argentinas.
En un contexto de mayor variabilidad climática y lluvias intensas en amplias regiones productivas, el exceso de agua se convirtió en un cuello de botella para la estabilidad de los sistemas forrajeros. El trabajo apunta directamente a ese problema estructural del agro argentino.
La investigación partió de materiales ampliamente difundidos, como Traful PV INTA y Limay PV INTA, que fueron sometidos a condiciones controladas que simulan anegamiento. A partir de allí, los técnicos seleccionaron sistemáticamente el 10 % de las plantas con mejor desempeño y avanzaron durante tres ciclos de selección fenotípica recurrente.
Los resultados fueron contundentes: más de 60 % de incremento en biomasa aérea seca y más de 40 % en biomasa radicular seca, junto con una mayor proporción de raíz. En términos productivos, esto significa plantas con mayor vigor y capacidad de sostener crecimiento cuando el suelo permanece saturado.
"El rendimiento de la alfalfa se reduce de manera marcada cuando el suelo permanece saturado de agua, porque se afecta el desarrollo radicular", explicó María Andrea Tomás, investigadora del Instituto de Investigación de la Cadena Láctea (INTA-Conicet). Según detalló, la mejora en tolerancia a hipoxia abre la puerta a materiales más adaptados a suelos con mal drenaje.
Uno de los puntos clave fue confirmar que existe variabilidad genética aprovechable. La heredabilidad estimada, de valor moderado, indica que el progreso no es circunstancial, sino que puede consolidarse en nuevos ciclos de mejoramiento.
Traful, por ejemplo, mostró mayor producción total y mayor asignación de biomasa a raíces, rasgo asociado a su plasticidad frente al estrés. Esa diferencia en partición de biomasa explica por qué la selección basada en desempeño observable permite capturar y amplificar características favorables.
El trabajo se apoyó en sistemas de hidroponía que reducen el contenido de oxígeno para reproducir condiciones de anegamiento en forma controlada. Esto permitió evaluar un gran número de plantas bajo igualdad de condiciones, aislando el factor de interés.
El programa forma parte de un convenio de investigación y desarrollo entre el INTA y Palo Verde SRL, coordinado por Ariel Odorizzi desde INTA Manfredi.
Se registró un aumento superior al 60 % en biomasa aérea seca y de más del 40 % en biomasa radicular seca, junto con mayor proporción de raíz.
En un país donde la alfalfa es pilar de la producción lechera y base forrajera de numerosos planteos ganaderos, contar con cultivares más tolerantes al anegamiento es estratégico. No se trata solo de sostener rindes, sino de reducir riesgo productivo en zonas con limitantes hídricas crecientes.
En un escenario donde el debate sobre el agregado de valor y la competitividad vuelve al centro -entre retenciones, costos logísticos y brecha cambiaria-, cada avance en biotecnología aplicada al forraje suma eficiencia puertas adentro del sistema. Mejorar la resiliencia del cultivo implica más kilos de materia seca por hectárea y mayor estabilidad para la cadena láctea.
La señal es clara: hay margen para innovar y capturar variabilidad genética local. En tiempos donde la sustentabilidad y la adaptación climática pesan cada vez más en los mercados, el mejoramiento genético vuelve a mostrar que es una herramienta concreta para fortalecer la producción primaria argentina.

