Agricultura

Maíz: la chicharrita amenaza rindes y millones en el norte argentino

La plaga reapareció con más daños en el norte y enciende alarmas para la próxima campaña: el clima, el monitoreo y el manejo serán decisivos.

Rodrigo Castañeda
Periodista especializado en agroindustria y mercados. Cubre comercio, políticas públicas y tendencias del sector agropecuario, con enfoque técnico y sostenible.

La cosecha de maíz avanza durante julio con daños superiores a los de la campaña pasada en el norte argentino, donde técnicos e investigadores volvieron a detectar una fuerte presión de la chicharrita, vector del achaparramiento por spiroplasma. La advertencia fue planteada por especialistas vinculados con Aapresid, la EEAOC y CREA, que analizarán el problema del 4 al 6 de agosto en Rosario, durante el Congreso Aapresid 2026. La reaparición importa porque pone bajo amenaza los rindes, eleva los costos de manejo y puede condicionar una producción estratégica para la economía regional.

El escenario de la próxima campaña dependerá, en buena medida, de lo que ocurra con las temperaturas durante junio y julio. Dalbulus maidis presenta baja tolerancia al frío y necesita encontrar refugio fuera de la temporada del maíz, muchas veces en cultivos invernales o plantas voluntarias que funcionan como "puente verde". Las heladas aparecen así como el principal aliado natural para reducir la población antes de las nuevas siembras. "Necesitamos que se resetee la población", resumió Alejandro Vera, investigador de la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres, al explicar por qué el invierno será determinante.

Maíz: la chicharrita amenaza rindes y millones en el norte argentino

La recomendación técnica es evitar respuestas automáticas y reservar los insecticidas para situaciones justificadas por los monitoreos. Según los especialistas, el llamado control voluntario debería funcionar como una última herramienta si las condiciones ambientales no reducen suficientemente la cantidad de vectores. Sin embargo, la realidad productiva del norte exige una mirada particular: allí predomina el maíz tardío, cuya implantación comienza en enero. Una intervención química aislada y lote por lote tendrá escasas posibilidades de éxito si la presión inicial de la plaga ya es elevada, por lo que se reclama coordinación regional.

Laura Carabaca, asesora de CREA San Patricio, remarcó que el control químico solo puede dar resultados cuando las poblaciones son bajas. Por eso, la prioridad es reducir la cantidad de insectos disponibles y, si se recurre a insecticidas, hacerlo de manera coordinada entre productores de una misma zona. La chicharrita no admite recetas únicas: exige una suma de manejos y decisiones adaptadas a cada ambiente. En una región con altas temperaturas y maíces mayoritariamente tardíos, variables como densidad, ciclo del híbrido y ventana de implantación adquieren un peso económico tan importante como la elección del producto.

El monitoreo continuo será otra pieza central. La Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis cuenta con trampas cromáticas distribuidas en distintas regiones del país, cuyos registros permitirán conocer el efecto real del invierno sobre las poblaciones. A esa información deberán sumarse los análisis de infectividad, porque no alcanza con saber cuántos insectos hay: también es necesario determinar qué proporción puede transmitir el patógeno. Un diagnóstico temprano puede evitar aplicaciones innecesarias, reducir costos y proteger el potencial de rendimiento, en una campaña donde cada decisión pesará sobre los márgenes del productor.

Maíz: la chicharrita amenaza rindes y millones en el norte argentino

En el norte, los técnicos recomiendan respetar la ventana de siembra comprendida, en términos generales, entre el 1 y el 10 de enero. Adelantar el cultivo hacia fechas primaverales puede hacer coincidir su período crítico con los momentos de mayor calor, agravando el estrés y provocando fuertes pérdidas de rendimiento. También se aconseja concentrar las implantaciones para evitar una oferta escalonada de plantas que facilite la supervivencia y dispersión del vector. Cuanto más prolongada sea la presencia de maíz en el territorio, mayor será la posibilidad de que la plaga encuentre alimento y mantenga activo el patosistema.

La estrategia se completa con híbridos tolerantes y la eliminación de los denominados maíces "guachos", nacidos de semillas remanentes antes de la nueva campaña. Esas plantas voluntarias funcionan como refugio y alimento para la chicharrita entre ciclos productivos. Los materiales con mejor comportamiento sanitario ganaron protagonismo desde la epifitia de 2023/24, pero los investigadores advierten que la genética no resuelve por sí sola el problema. La protección del rinde dependerá de combinar tolerancia, monitoreo, control del maíz voluntario, siembras concentradas y decisiones sanitarias basadas en evidencia.

Tras apenas tres campañas de aprendizaje intensivo, el sector todavía construye conocimiento sobre una amenaza que modificó las reglas de producción. Los especialistas consideran poco probable una expansión generalizada a todo el país, aunque reconocen que el norte seguirá bajo presión si el clima favorece la supervivencia del vector. El maíz, sin embargo, conserva un papel irremplazable por su aporte de biomasa, cobertura y carbono al sistema. El desafío no es abandonar el cultivo, sino sostenerlo con un manejo más preciso, colectivo y regional, capaz de defender los rindes y la rentabilidad ante un riesgo que llegó para quedarse.

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