Cosecha de soja arranca con presión climática y algunos rindes que sorprenden
Entre lluvias que complican y rindes que entusiasman, la soja avanza a contrarreloj en la zona núcleo.
La cosecha de soja 2025/26 comenzó en la zona núcleo a inicios de abril con un dato central: los rindes iniciales están en línea o incluso por encima de lo esperado, aunque las lluvias obligan a acelerar las labores para evitar pérdidas de calidad. El proceso, que recién da sus primeros pasos, es clave para el resultado final de la campaña y para la rentabilidad del productor en el campo argentino.
Según la Bolsa de Comercio de Rosario, a través de su Guía Estratégica para el Agro (GEA), la primera impresión muestra una marcada heterogeneidad entre lotes, especialmente en aquellas zonas que sufrieron la falta de agua durante enero y febrero. Sin embargo, donde las lluvias llegaron a tiempo, los resultados empiezan a superar las expectativas iniciales.
Los primeros datos relevados reflejan esta dualidad. En Marcos Juárez, con un 20% de avance, los rindes promedian entre 45 y 50 qq/ha, con picos de hasta 60 quintales. En Carlos Pellegrini, los valores esperados de 50 qq/ha se confirman como piso, con lotes que superan holgadamente esa marca. En otras localidades, como Los Quirquinchos, incluso los lotes más castigados muestran rindes de entre 35 y 40 qq/ha, lo que refuerza el optimismo inicial.
Pero no todo es uniforme. En zonas como Cañada de Gómez, los primeros lotes tempranos presentan resultados más flojos, con rindes que van de 26 a 40 qq/ha. En María Susana, la variabilidad es aún mayor, con problemas de retención foliar que obligaron a aplicar defoliantes para poder avanzar con la cosecha. La campaña vuelve a mostrar que el clima sigue siendo el principal factor de riesgo en la producción agrícola argentina.
El problema ahora no es la falta de agua, sino el exceso. Tras un marzo cargado de precipitaciones, abril comenzó con suelos saturados y pronósticos de nuevas lluvias. Este escenario genera un fuerte apuro entre productores y técnicos, que buscan avanzar lo más rápido posible para evitar pérdidas.
"Estamos desesperados, apurando todo lo que se puede", reconocen desde el terreno. La preocupación no es menor: la humedad excesiva puede afectar la calidad del grano, dificultar el ingreso de las máquinas por falta de piso y aumentar el riesgo de enfermedades de fin de ciclo.
El clima suma amenazas adicionales. La posibilidad de tormentas severas, granizo o incluso eventos extremos -como el reciente tornado en Bombal- eleva la incertidumbre en un momento crítico del ciclo productivo. En varias zonas, lluvias recientes de hasta 50 milímetros ya obligaron a frenar la cosecha, complicando la logística y los tiempos de trabajo.
La Bolsa de Cereales de Buenos Aires mantiene su proyección de producción nacional en 48,5 millones de toneladas, a pesar de los inconvenientes climáticos. Los primeros avances de cosecha muestran un progreso del 5% en el Núcleo Sur y del 9% en el Núcleo Norte, con rindes promedio de 40 y 35 qq/ha respectivamente.
También hay señales positivas en la soja de segunda. Las buenas condiciones hídricas recientes mejoraron el estado de los cultivos, frenando el deterioro provocado por el estrés térmico e hídrico del verano. Esto podría aportar volumen adicional si el clima acompaña en las próximas semanas.
La campaña entra en una fase decisiva donde cada ventana de buen tiempo se vuelve estratégica. La combinación de buenos rindes potenciales y riesgos climáticos elevados define un escenario de alta tensión productiva, en el que la eficiencia operativa, la logística y la capacidad de reacción del productor serán determinantes para consolidar los resultados.

