Agricultura

Cultivos de cobertura: leguminosas mejoran nitrógeno en maíz santafesino

Ensayos del INTA Oliveros muestran que las leguminosas optimizan el nitrógeno en maíz y mejoran la eficiencia del sistema productivo.

Ana Silva
Periodista agropecuaria especializada en sostenibilidad, innovación y desarrollo rural en América Latina.

Los ensayos realizados por el INTA Oliveros, en Santa Fe, difundidos el 17 de abril de 2026, evidenciaron que la inclusión de leguminosas en cultivos de cobertura mejora la disponibilidad de nitrógeno en secuencias con maíz, optimizando el uso de fertilizantes y aportando mayor eficiencia al sistema productivo, un aspecto clave para la rentabilidad del campo argentino.

En un contexto donde la tecnificación y las buenas prácticas agrícolas (BPA) ganan protagonismo, el manejo de cultivos de cobertura se consolida como una herramienta estratégica dentro de la rotación, especialmente en la región pampeana, donde los períodos sin cobertura durante otoño e invierno afectan la dinámica de los nutrientes y la estructura del suelo.

De acuerdo con los resultados, las leguminosas, particularmente la vicia villosa, cumplen un rol central al aportar nitrógeno mediante fijación biológica, lo que modifica la dinámica del nutriente dentro del sistema y mejora su disponibilidad para el cultivo siguiente. Este efecto se complementa con especies como gramíneas y brasicáceas -centeno y nabo forrajero- que contribuyen a reducir pérdidas por lixiviación, logrando un balance más eficiente.

El estudio puso en evidencia que el resultado no depende de una única especie, sino del manejo de las mezclas y sus proporciones, lo que permite ajustar el sistema en función de los objetivos productivos. En este sentido, los ensayos evaluaron combinaciones de vicia, centeno y nabo con distintas densidades, partiendo de valores óptimos en cultivos puros de 65 plantas por metro cuadrado para vicia, 200 para centeno y 75 para nabo, alcanzando producciones de biomasa de hasta 6300 kg/ha.

Cultivos de cobertura: leguminosas mejoran nitrógeno en maíz santafesino

A partir de estas bases, se analizaron 16 combinaciones en secuencias de maíz temprano y tardío. Los resultados mostraron que las mayores producciones de biomasa se lograron cuando la participación de vicia y/o centeno superó el 50%, con valores de entre 4000 y 5000 kg/ha en planteos tempranos y entre 5500 y 7500 kg/ha en tardíos, evidenciando el impacto directo en la oferta de nutrientes.

En cuanto a la dinámica del cultivo, la participación de la vicia mostró variaciones según la fecha de siembra del maíz. En esquemas tempranos, con proporciones cercanas al 75%, llegó a aportar hasta el 50% de la biomasa total, mientras que en planteos tardíos su contribución se estabilizó en torno al 40%, asociada a las diferencias en el crecimiento otoño-invernal.

El manejo del agua también resultó un factor determinante. El centeno presentó los mayores niveles de consumo hídrico, mientras que las leguminosas y brasicáceas mostraron valores inferiores, con mezclas que permitieron equilibrar la utilización del recurso. Los consumos oscilaron entre 101 y 123 milímetros en maíz temprano y entre 141 y 181 milímetros en maíz tardío.

Respecto a la respuesta productiva, los ensayos confirmaron que la fertilización nitrogenada sigue siendo determinante para maximizar el rinde, aunque con diferencias según el manejo previo. En maíz temprano, las dosis óptimas se ubicaron entre 90 y 154 kg N/ha, con incrementos de rendimiento de entre 22% y 51%, mientras que en maíz tardío variaron entre 97 y 172 kg N/ha, con mejoras de entre 12% y 32%.

En términos de manejo, el INTA identificó configuraciones específicas que permiten optimizar el sistema. Para maíz temprano, la combinación más eficiente incluyó 70% de vicia y 30% de centeno, mientras que en maíz tardío se recomendó una distribución más equilibrada, con 50% de cada especie. La incorporación de nabo forrajero permitió ajustes adicionales en la estructura de la mezcla, reemplazando parcialmente al centeno y diversificando el sistema.

Estos resultados posicionan al manejo de cultivos de cobertura como una herramienta clave dentro de los agronegocios modernos, donde la eficiencia en el uso de insumos, la sustentabilidad y la mejora del rinde son variables cada vez más integradas en la toma de decisiones productivas.

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