Agricultura

Diversificación forrajera: claves para potenciar la ganadería del NOA

Un estudio del INTA en Formosa revela qué gramíneas megatérmicas mejoran la oferta forrajera en ambientes extremos y permiten sostener la producción ganadera.

Matías Cosenza
Periodista especializado en ganadería, avicultura y sanidad animal. Cubre mercados y tecnología aplicada a la producción pecuaria, con foco en la competitividad del sector agropecuario en América Latina.

En el oeste de Formosa, investigadores del INTA Ingeniero Juárez evaluaron durante cuatro años 18 cultivares de gramíneas megatérmicas, con el objetivo de mejorar la producción ganadera en condiciones extremas. El estudio cobra relevancia porque ofrece datos concretos para optimizar la oferta forrajera en una región clave del norte argentino, donde el clima limita la productividad del campo.

En el Chaco Semiárido, la ganadería bovina enfrenta condiciones desafiantes: temperaturas que superan los 45°C y precipitaciones variables cercanas a los 650 mm anuales. En este contexto, el bosque nativo sostiene gran parte de la alimentación del rodeo, lo que genera fluctuaciones en el rinde y la disponibilidad de forraje.

La investigación del INTA aporta evidencia sobre cómo la incorporación de nuevas especies puede mejorar la estabilidad productiva y la rentabilidad de los sistemas ganaderos, alineándose con las buenas prácticas agrícolas (BPA) y la sustentabilidad.

Factores determinantes: clima y adaptación

El ensayo permitió evaluar el comportamiento de diferentes cultivares frente a escenarios climáticos contrastantes, marcados por déficit hídrico y alta radiación. Según la investigadora María Inés Cavallero, "varios materiales sostienen buenos niveles de producción incluso en años secos", lo que resulta clave para sistemas resilientes frente al cambio climático.

Entre los más destacados, los cultivares de buffel grass como Molopo, Biloela, Lucero INTA-Pemán y Orión INTA alcanzaron producciones de hasta 11.500 kilos de materia seca por hectárea, mostrando además rápida recuperación post pastoreo.

Innovación y tecnología en el campo

El estudio evidencia el valor de la tecnificación y la innovación agropecuaria en la planificación forrajera. También se destacaron materiales como Panicum coloratum cv. Bambatsi, que superó los 10.200 kilos de materia seca, duplicando a otras variedades tradicionales.

Por su parte, el Gatton panic mantuvo buen equilibrio entre rinde y calidad forrajera, mientras que Urochloa humidicola cv. Llanero se posicionó como una alternativa eficiente en años húmedos, con rindes cercanos a los 11.100 kilos.

Estos avances permiten mejorar la trazabilidad y la eficiencia en la cadena de valor ganadera, especialmente en sistemas mixtos o con integración a feedlot.

Retos y oportunidades para el sector

No todos los cultivares mostraron estabilidad en el tiempo. Algunas variedades de Grama Rhodes presentaron caídas en densidad a partir del tercer año, lo que pone en evidencia la necesidad de evaluar la persistencia además del rendimiento inicial.

En este escenario, la diversificación aparece como una estrategia clave. Combinar especies con diferentes características permite reducir riesgos productivos, estabilizar la oferta de forraje y mejorar la planificación en el largo plazo.

Además, el acceso a información técnica local, como la generada por el INTA, resulta fundamental para potenciar decisiones vinculadas a insumos, implantación y manejo, impactando directamente en la rentabilidad del productor.

El estudio confirma que existen alternativas concretas para fortalecer la ganadería en el norte argentino. La diversificación de la base forrajera no solo mejora el rinde, sino que aporta estabilidad frente a escenarios climáticos adversos.

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