El secreto bajo tierra que fortalece la ganadería en tiempos de sequía
Un estudio del INTA reveló cómo el sistema radicular del agropiro mejora la producción, captura carbono y aumenta la resiliencia frente a la sequía.
Investigadores del INTA dieron a conocer un estudio realizado en establecimientos ganaderos de Villarino y Patagones que confirmó el papel estratégico del sistema radicular del agropiro alargado para sostener la producción forrajera en ambientes semiáridos. Los resultados, difundidos esta semana, cobran relevancia porque aportan información clave para mejorar la eficiencia en el uso del agua, fortalecer la productividad ganadera y aumentar la capacidad de adaptación frente al cambio climático.
En una región donde las lluvias suelen ser escasas, irregulares y muchas veces insuficientes para garantizar buenos niveles de producción, comprender qué ocurre debajo de la superficie del suelo se volvió tan importante como monitorear el crecimiento de las pasturas. Allí es donde las raíces comienzan a jugar un rol decisivo para el futuro de los sistemas productivos.
"Las raíces son el motor invisible del sistema productivo. Determinan la capacidad de la pastura para captar agua, almacenar carbono y sostener la producción", explicó Ileana Frasier, investigadora del Instituto de Suelos del Centro de Investigación en Recursos Naturales del INTA.
El trabajo fue desarrollado de manera conjunta por especialistas del INTA Hilario Ascasubi, las agencias de extensión de Médanos y Patagones, el Instituto de Suelos de Castelar y la Universidad Nacional del Sur.
El objetivo fue estudiar la biomasa y distribución de las raíces del agropiro alargado (Thinopyrum ponticum), una especie ampliamente utilizada en los sistemas ganaderos extensivos del sudoeste bonaerense debido a su adaptación a condiciones de baja disponibilidad hídrica.
Los resultados mostraron que esta pastura mantiene una biomasa radical promedio de 14 toneladas por hectárea, una cifra que permaneció estable independientemente del establecimiento o ambiente evaluado. Según los investigadores, esta capacidad responde a una estrategia evolutiva de la especie para asegurar el acceso al agua en contextos donde la disponibilidad hídrica suele ser limitada.
Uno de los hallazgos más relevantes del estudio fue que el 62% de las raíces se concentra en los primeros 20 centímetros del suelo, una zona estratégica para capturar rápidamente el agua proveniente de lluvias ocasionales. Sin embargo, la investigación también detectó una notable capacidad de adaptación.
En Patagones, donde las precipitaciones suelen ser más escasas, el agropiro desarrolla una mayor cantidad de raíces superficiales para aprovechar cada milímetro disponible. En Villarino, en cambio, el sistema radicular tiende a explorar capas más profundas del perfil.
"La especie ajusta su arquitectura radical según la disponibilidad hídrica. Esa plasticidad es clave para su adaptación al semiárido", señaló Luciano Zubiaga, investigador del INTA Hilario Ascasubi.
Este comportamiento resulta especialmente valioso en un escenario marcado por la creciente variabilidad climática y la necesidad de optimizar cada recurso disponible dentro de los establecimientos ganaderos.
Los especialistas también observaron una importante diversidad en las prácticas de manejo entre los establecimientos relevados. Se identificaron diferencias en sistemas de implantación, fechas de siembra, densidades, carga animal e intensidad de pastoreo. Aun así, el agropiro mantuvo una notable estabilidad productiva.
Para los técnicos, esta característica demuestra la gran capacidad de adaptación de la especie incluso frente a manejos menos eficientes. No obstante, remarcaron que prácticas como respetar las fechas óptimas de siembra, garantizar una adecuada implantación y evitar el sobrepastoreo permiten desarrollar sistemas radiculares más robustos y una mayor estabilidad productiva en el tiempo.
El aporte económico del agropiro no se limita únicamente a la producción de forraje. A partir de las mediciones realizadas, los investigadores estimaron un ingreso de aproximadamente 6 toneladas de carbono por hectárea al suelo, un dato que adquiere creciente importancia en los sistemas productivos modernos.
"Las raíces son una vía directa de entrada de carbono al suelo. Esto mejora la materia orgánica, la estructura y la capacidad de retención de agua", destacó Frasier. La incorporación de carbono mejora la fertilidad, favorece la estabilidad de los sistemas ganaderos y fortalece la sustentabilidad de largo plazo, aspectos cada vez más valorados por los mercados internacionales y los programas de certificación ambiental.
Para los especialistas, el verdadero valor del agropiro radica en su capacidad para combinar productividad, resiliencia y sostenibilidad. La frecuencia de eventos extremos aumenta y las lluvias son cada vez más impredecibles, las raíces se convierten en una herramienta silenciosa pero determinante para sostener la rentabilidad ganadera.
"El desafío productivo no es solo generar forraje, sino sostener los recursos en el tiempo y no poner en riesgo la persistencia de la pastura. Muchas de las respuestas están, literalmente, bajo tierra", concluyó Zubiaga.

