Girasol: el norte explicó el salto del 28% del área y el cultivo volvió al centro del negocio
Con precios récord y mejor respuesta a la sequía, el girasol recuperó terreno en 2025/26. El NEA lideró la expansión y cambió el mapa productivo.
En la campaña 2025/26, la superficie de girasol en la Argentina creció un 28% interanual, impulsada por precios internacionales históricamente altos, la guerra en Ucrania y su mayor tolerancia al estrés hídrico. El dato, relevado por la Bolsa de Comercio de Rosario, importa porque marca un cambio estructural en las rotaciones, con el NEA como epicentro del crecimiento y un cultivo que vuelve a ganar protagonismo frente al maíz y la soja.
Kilómetros de lotes de girasol en floración volvieron a dominar el paisaje del norte y del centro del país. Una imagen poco frecuente en la última década, pero que este ciclo se repitió con fuerza. Aunque el maíz concentra la atención por una campaña récord, la oleaginosa se consolidó como uno de los cultivos estrella del 2025/26.
Según la Bolsa de Comercio de Rosario, la siembra alcanzó las 2,9 millones de hectáreas, con una expansión concentrada en el NEA, que sumó unas 415.000 hectáreas y explicó la mayor parte del crecimiento nacional. Esa región aportaría 1,115 millones de toneladas, 513.000 más que en la campaña previa.
El caso más emblemático fue Chaco, donde el área sembrada creció un 200% en apenas un año, de acuerdo con la Asagir. También se destacaron el centro-norte de Santa Fe, con un avance del 22%, y zonas del norte cordobés, donde el cultivo volvió a entrar en la rotación.
"La clave fue tener humedad al momento de la implantación. Si el productor no siembra con agua, directamente no lo hace", explicó Jorge Ingaramo, asesor económico de Asagir. Esa condición se dio este año y permitió el fuerte salto del área.
El punto de quiebre se remonta a febrero de 2022, cuando la guerra entre Rusia y Ucrania desordenó el comercio mundial de aceites. "La Argentina quedó como el gran proveedor del hemisferio sur", resumió Ingaramo.
De acuerdo con el USDA, la producción ucraniana caería 19,2% interanual, lo que ajustó la oferta global. En ese contexto, la participación argentina en el comercio mundial subiría del 10,8% al 12%, con una relación stocks/consumo más ajustada y precios firmes.
El impacto fue directo: los precios FOB del aceite de girasol pasaron de US$700/750 a picos cercanos a US$1280 por tonelada. En enero de 2026, el FOB ronda US$1250, mientras que el grano se negocia en el mercado interno cerca de $467.000 por tonelada, con forwards de hasta US$360.
Al escenario internacional se sumaron factores locales. En campañas recientes, la chicharrita golpeó al maíz en varias regiones, obligando a revisar esquemas productivos. Además, la mayor frecuencia de años secos jugó a favor del girasol.
"El maíz sufre mucho cuando falta agua; el girasol se defiende mejor por la profundidad de sus raíces", explicó Ingaramo. Esa resiliencia lo volvió una alternativa estratégica en zonas con clima cada vez más imprevisible.
El girasol también recuperó atractivo financiero. Se cosecha desde mediados de diciembre, lo que le valió el apodo de "caja de Navidad", al permitir liquidez temprana para encarar las siembras de verano.
Además, una nueva generación de productores, que no tenía experiencia previa con el cultivo, empezó a incorporarlo tras ver mejores márgenes y estabilidad productiva en años secos.
Con la actual distribución del área, la producción nacional se proyecta en 5,9 millones de toneladas, 650.000 más que en el ciclo anterior. De ese total, unas 5,4 millones irían a molienda, impulsando el uso industrial.
El resultado final, sin embargo, aún está abierto. "Ya hay zonas con déficit hídrico y eso puede afectar los rindes", advirtió Ingaramo. En el norte la cosecha avanza rápido, pero en el resto del país el llenado de grano será clave para confirmar el potencial.

