Girasol en Córdoba: INTA alerta por enfermedades y refuerza monitoreo
El INTA detectó enfermedades en girasol durante la campaña 2025/26. Aunque el impacto fue bajo, advierten mayor monitoreo ante el crecimiento del cultivo.
Durante la campaña 2025/26, el INTA Marcos Juárez detectó cinco enfermedades en ensayos de girasol en Córdoba, evaluando 13 híbridos en Noetinger e Inriville-Los Surgentes, y aunque el impacto en el rinde fue bajo, el crecimiento del cultivo en la región vuelve clave reforzar el monitoreo sanitario.
En el corazón productivo del centro del país, el girasol viene ganando terreno campaña tras campaña. En Córdoba, la superficie pasó de unas 70.000 a cerca de 250.000 hectáreas en pocos años, un dato que explica por qué el cultivo volvió a meterse de lleno en la rotación y en la agenda de los productores.
En ese contexto, desde el INTA Marcos Juárez pusieron en marcha una red de evaluación de híbridos que no solo mira el rinde, sino también la sanidad del cultivo, un aspecto que muchas veces queda en segundo plano hasta que aparecen los problemas.
Lo que encontraron en la campaña fue claro: cinco enfermedades presentes, pero con niveles de daño bajos. Entre ellas, la más repetida fue la alternaria, que apareció con alta incidencia en hojas, aunque sin comprometer seriamente el rendimiento. "Había muchas hojas afectadas, pero poco daño en cada una", resumieron desde el equipo técnico.
También se detectó roya negra, incluso en el 100% de los híbridos en uno de los sitios, aunque con una severidad moderada. A nivel global, es una enfermedad que puede pegar fuerte en el rinde, pero esta vez no encontró condiciones para avanzar con agresividad.
Algo parecido ocurrió con la roya blanca, más asociada a temperaturas frescas, y con el llamado escudo negro del tallo, que tuvo alta presencia pero sin traducirse en pérdidas productivas significativas.
El dato que no pasó desapercibido fue la aparición, aunque en forma incipiente, del cancro del tallo, una enfermedad que en escenarios más complejos puede provocar quebrado de plantas y afectar directamente el llenado de granos.
¿Por qué el impacto fue bajo? La respuesta estuvo en el clima. Durante buena parte de enero y febrero, faltó humedad, una condición clave para que muchas de estas enfermedades se desarrollen. Eso jugó a favor del cultivo y explicó por qué los capítulos y aquenios se formaron sin inconvenientes, sosteniendo el rinde.
Pero el mensaje del INTA va más allá de esta campaña. Con un girasol que crece fuerte en superficie, también crecen las chances de que los patógenos se instalen y se expandan. Y ahí es donde el monitoreo deja de ser una recomendación para pasar a ser una necesidad.
En la práctica, esto implica recorrer los lotes, mirar hoja por hoja cuando hace falta y anticiparse. Porque cuando las condiciones cambian -más humedad, temperaturas adecuadas-, el escenario puede ser muy distinto.
Otro punto que empieza a pesar cada vez más es la elección de híbridos. Los ensayos mostraron diferencias claras en el comportamiento sanitario entre materiales, algo que hoy el productor puede incorporar en la decisión, junto con el potencial de rendimiento.
En un esquema de agricultura cada vez más ajustada en costos y márgenes, elegir bien no es un detalle menor. Tampoco lo es el uso eficiente de insumos, como los fungicidas, que deben aplicarse con criterio y en el momento justo.
En definitiva, lo que deja este trabajo es una señal clara: el girasol tiene potencial y sigue sumando hectáreas, pero la sanidad vegetal va a ser un eje cada vez más importante para sostener la rentabilidad.

