Agricultura

Maíz rompe otra barrera: el sur argentino abre una nueva oportunidad para el agro

Ensayos del INTA confirmaron que híbridos adaptados al frío logran rindes promisorios en Patagonia y podrían transformar la producción forrajera.

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

El INTA confirmó, tras una serie de ensayos realizados en Santa Cruz y Chubut junto a la empresa Laboulet Semences, que los híbridos de maíz adaptados al frío pueden alcanzar rendimientos altamente competitivos en la Patagonia. Los trabajos, difundidos recientemente, representan un avance estratégico porque demuestran que el cultivo puede expandir su frontera agrícola hacia el sur del país y convertirse en una herramienta clave para mejorar la disponibilidad de alimento para la ganadería, reducir costos de producción y fortalecer los sistemas agropecuarios regionales.

El trabajo desarrollado por especialistas del INTA Patagonia Sur tuvo como objetivo determinar hasta dónde puede avanzar el cultivo del maíz en ambientes australes, una pregunta que desde hace años despierta interés entre productores y técnicos. Las evaluaciones se realizaron en distintas localidades de Santa Cruz y Chubut, donde se analizaron híbridos precoces e hiperprecoces especialmente desarrollados para soportar temperaturas extremadamente bajas, ciclos productivos cortos, secado rápido y resistencia a heladas moderadas. Según explicó Santiago Toledo, investigador del INTA Santa Cruz, la iniciativa busca generar información local para ofrecer nuevas alternativas productivas que fortalezcan tanto la agricultura como la ganadería regional.

La importancia económica de estos resultados radica en que la mayor parte de la Patagonia depende de una ganadería extensiva, principalmente ovina y, en menor medida, bovina, cuya productividad está condicionada por la escasa oferta de pastizales naturales. En ese contexto, el maíz aparece como un cultivo estratégico capaz de aportar energía, fibra y materia seca mediante la producción de forraje, ensilaje e incluso grano. Además de mejorar la alimentación animal durante el otoño e invierno, permitiría reducir significativamente los costos de suplementación, incrementar la eficiencia de los rodeos y aportar mayor estabilidad a los sistemas productivos de una de las regiones más desafiantes del país.

Los ensayos realizados en Perito Moreno, bajo manejo intensivo con riego complementario, confirmaron la factibilidad agronómica y productiva del cultivo. Los investigadores registraron rendimientos cercanos a 7.000 kilos de grano por hectárea, entre 80 y 120 toneladas de material vegetal verde y de 15 a 26 toneladas de materia seca por hectárea, cifras que representan resultados muy alentadores para ambientes australes. Toledo destacó que la combinación de híbridos adaptados al frío, junto con un manejo adecuado de la nutrición y del agua, permitió alcanzar niveles productivos que hasta hace pocos años parecían difíciles de lograr en esta región del país.

Maíz rompe otra barrera: el sur argentino abre una nueva oportunidad para el agro

La experiencia fue replicada por especialistas del INTA Esquel en el Campo Experimental Trevelin y en la localidad de El Hoyo, donde se evaluaron seis híbridos hiperprecoces. Allí, el híbrido Tirnavia alcanzó una producción de 22.120 kilos de planta entera por hectárea, con un rendimiento de materia seca 88 % superior al obtenido por otro de los materiales analizados. En cuanto a la producción de grano, los híbridos registraron valores de entre 6.000 y 8.850 kilos por hectárea, mientras que en El Hoyo algunos materiales, como LS Joalia y Zeta 125, superaron los 12.000 kilos por hectárea. Si bien los investigadores remarcan que es necesario repetir los ensayos durante más campañas para validar los resultados, la evidencia obtenida confirma que el maíz también puede desarrollarse con éxito en la cordillera del noroeste de Chubut.

Los resultados obtenidos por el INTA no solo representan un avance técnico, sino que también muestran una oportunidad económica para ampliar la producción agrícola en la Patagonia y fortalecer la competitividad de la ganadería regional. La incorporación de híbridos adaptados al frío podría contribuir a reducir la dependencia de alimentos externos, mejorar la eficiencia de los sistemas productivos y generar nuevas alternativas para productores que hoy enfrentan limitaciones por las condiciones climáticas. Los investigadores coinciden en que el próximo paso será continuar evaluando materiales genéticos, fechas de siembra y estrategias de manejo, con el objetivo de consolidar una tecnología que podría modificar el mapa agrícola del extremo sur argentino.

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