Agricultura

MIR 162 en maíz: el REM de Aapresid confirma fallas y alerta por resistencia de plagas

El REM de Aapresid detectó fallas en MIR 162, la última defensa biotecnológica del maíz, y crece la alarma por resistencia de plagas.

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La Red de Manejo de Plagas (REM) de Aapresid volvió a encender una señal de alerta en el sistema productivo argentino. Los resultados de la Encuesta Nacional 2024/25 confirman que la tecnología MIR 162, considerada durante años la última "línea de defensa" biotecnológica del maíz frente a lepidópteros, comenzó a mostrar fallas de control en distintos puntos del país.

Según el relevamiento, un 3,2% de los productores encuestados debió recurrir a aplicaciones de insecticidas tras detectar daños en maíces con tecnología MIR 162, presente en eventos como Trecepta, VT4 PRO, Power Core Ultra, Viptera 3 y Leptra. El dato no es menor si se tiene en cuenta que la encuesta, realizada de forma ininterrumpida desde hace casi diez años, abarcó más de 1,8 millones de hectáreas de las principales regiones agrícolas argentinas.

Los reportes del REM indican que la mayor parte de los daños estuvieron asociados a Helicoverpa zea, conocida como isoca de la espiga, mientras que en segundo lugar aparecieron ataques de Spodoptera frugiperda, el cogollero del maíz. Se trata de plagas históricas, pero cuya presión vuelve a crecer en un contexto donde las herramientas disponibles empiezan a mostrar límites.

El panorama genera preocupación porque MIR 162 es un desarrollo de Syngenta y hoy representa la última barrera biotecnológica efectiva para el control de lepidópteros en maíz. Después de esta tecnología, el productor queda prácticamente obligado a volver al control químico, con el consiguiente aumento de costos, riesgos de resistencia y mayor presión ambiental.

Si bien durante la campaña 2024/25 la tecnología logró mantener bajo control a las plagas en la gran mayoría de los lotes, los técnicos de la REM advierten que los reportes preliminares de la campaña 2025/26 muestran una tendencia creciente de fallas, lo que refuerza la necesidad de revisar estrategias de manejo y no descansar únicamente en la genética.

El relevamiento también puso el foco en el frente de malezas, donde la rama negra volvió a marcar la agenda en los barbechos de primavera, acompañada por yuyo colorado. En postemergencia de cultivos estivales, yuyo colorado y sorgo de Alepo fueron las especies más problemáticas, mientras que en cultivos invernales la mayoría de los productores no realizó aplicaciones postemergentes, salvo para el control puntual de crucíferas. Entre los principios activos más utilizados se destacaron HPPD, PPO y ALS en preemergencia, y glifosato, hormonales y graminicidas en postemergencia.

En cuanto a enfermedades, la roya común del maíz (Puccinia sorghi) fue la más presente, aunque casi no derivó en controles químicos. En soja, la mancha marrón (Septoria glycines) sí requirió al menos una aplicación en la mitad de los casos relevados, mientras que en trigo la roya amarilla o estriada (Puccinia striiformis) obligó a intervenir químicamente en más del 60% de los lotes.

Un dato que aparece como contracara positiva es el crecimiento sostenido del uso de productos biológicos. De acuerdo con la encuesta, el 37,7% de los productores utilizó algún biológico, más allá de los inoculantes, lo que representa un aumento del 10% respecto de 2024, con los bioestimulantes como los insumos más difundidos.

El informe del REM vuelve a dejar un mensaje claro para el agro argentino: el control químico sigue siendo una herramienta central, especialmente frente a malezas resistentes, pero cada vez gana más espacio el manejo integrado, con prácticas como cultivos de servicios, rotaciones y ajustes en el espaciamiento entre hileras. En un escenario donde la última defensa biotecnológica del maíz empieza a mostrar fisuras, anticiparse y diversificar estrategias ya no es una opción, sino una necesidad.

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