Agricultura

Lo que caía de los árboles hoy despierta interés global y pone a Pergamino en el mapa

Las naranjas amargas del arbolado urbano dejaron de ser un descarte. Tras el caso de Azul, Pergamino analiza el potencial de un fruto que busca la industria farmacéutica asiática.

Camila Vergara
Periodista especializada en frutas, normativas y comercio agroexportador. Cubre cadenas frutícolas, acceso a mercados y regulaciones con enfoque técnico y estratégico.

Pergamino comenzó a mirar con otros ojos sus naranjos de naranja amarga luego de que el interés internacional por la hesperidina impulsara iniciativas similares en otras localidades bonaerenses. El cambio de escenario abre la posibilidad de valorizar un recurso urbano que durante décadas pasó inadvertido y que hoy podría integrarse a una nueva cadena de bioeconomía vinculada a la industria farmacéutica.

Hasta hace poco, estos frutos eran conocidos únicamente por ensuciar las veredas o por su utilización ocasional en dulces caseros. Sin embargo, el creciente interés internacional por los compuestos naturales presentes en la fruta cambió por completo esa percepción.

El foco está puesto en la hesperidina, un flavonoide ampliamente utilizado en suplementos destinados al cuidado de la circulación y otras aplicaciones medicinales. Lo que buscan los compradores no es la naranja madura, sino el fruto cuando apenas alcanza entre 1,5 y 2 centímetros de diámetro, etapa en la que registra una mayor concentración de ese compuesto.

Lo que caía de los árboles hoy despierta interés global y pone a Pergamino en el mapa

El fenómeno comenzó a cobrar notoriedad luego de que investigadores y equipos técnicos de Azul avanzaran con el envío de muestras para evaluar su potencial comercial. Ese antecedente llevó a otras ciudades bonaerenses a revisar el patrimonio vegetal presente en calles, plazas y avenidas.

En Pergamino, los ejemplares se distribuyen principalmente en sectores céntricos y forman parte del paisaje urbano desde hace décadas. Hoy, esos mismos árboles empiezan a ser observados como un posible activo económico.

La bioeconomía encuentra oportunidades donde antes había un descarte

El interés por estos cítricos refleja un fenómeno cada vez más frecuente dentro del agro: la valorización de recursos que históricamente no tenían destino comercial.

Aunque Pergamino todavía no posee la cantidad de ejemplares observada en otras localidades, especialistas consideran que el primer paso consiste en relevar los árboles existentes, conocer su distribución y determinar el potencial de aprovechamiento bajo criterios técnicos y ambientales.

El desafío no pasa únicamente por cosechar los frutos. También requiere establecer protocolos de recolección, trazabilidad, conservación y análisis de calidad para comprobar la concentración de hesperidina que demanda la industria internacional.

Lo que caía de los árboles hoy despierta interés global y pone a Pergamino en el mapa

Al mismo tiempo, el desarrollo de este tipo de iniciativas obliga a coordinar acciones entre municipios, universidades, investigadores y empresas interesadas en transformar un recurso urbano en una nueva oportunidad productiva.

La experiencia también pone de manifiesto cómo la bioeconomía continúa ampliando sus fronteras. Lo que durante años fue considerado un residuo del arbolado público comienza a incorporarse al radar de mercados especializados que buscan ingredientes naturales con alto valor agregado.

Para Pergamino, el desafío recién comienza. El potencial económico dependerá de la calidad del material disponible, de la organización de la cadena y de la posibilidad de convertir un fruto casi olvidado en una nueva alternativa de desarrollo local.

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