Agricultura

Picudo negro avanza al centro: alerta en la soja y riesgo para la campaña 2026

La plaga del NOA llegó a la zona núcleo y preocupa al agro. Técnicos alertan por su rápida expansión y piden reforzar controles sanitarios.

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

El avance del picudo negro de la vaina (Rhyssomatus subtilis) fue confirmado el 5 de mayo de 2026 por especialistas del INTA y el Senasa, tras detectarse su presencia en el centro del país, especialmente en Córdoba y Santa Fe. La expansión preocupa porque marca un quiebre en su distribución histórica y pone en riesgo la rentabilidad de la soja en plena región núcleo.

Durante más de dos décadas, el picudo negro permaneció confinado al NOA, con focos en Santiago del Estero, Tucumán, Salta y Catamarca. Sin embargo, en las últimas campañas su dispersión se aceleró, llegando a nuevas zonas productivas.

El dato más relevante para el agronegocio es su aparición en departamentos clave de Córdoba como Río Primero, Santa María y Río Segundo, y más recientemente en Ceres, Santa Fe. Este salto geográfico hacia el corazón productivo del país enciende alarmas en toda la cadena de valor de la soja.

Según técnicos del INTA, la expansión no responde a patrones naturales, sino que está fuertemente vinculada a la acción humana, en particular al movimiento de maquinaria agrícola sin protocolos adecuados de limpieza.

Impacto productivo: daño directo al rinde y calidad

El picudo negro presenta características que lo convierten en una amenaza compleja para el cultivo. Es una especie univoltina que acompaña todo el ciclo de la soja.

Los adultos dañan brotes tiernos, afectando el desarrollo inicial del cultivo, mientras que las larvas atacan directamente los granos dentro de las vainas, provocando pérdidas de rinde y deterioro en la calidad comercial.

Además, las perforaciones facilitan la entrada de patógenos y humedad, lo que impacta negativamente en la trazabilidad y comercialización del grano, un aspecto clave en los mercados actuales.

Uno de los mayores desafíos es su comportamiento biológico. Tiene hábitos crepusculares, se oculta entre rastrojos y puede simular estar muerto, lo que dificulta su detección.

Su ciclo incluye etapas protegidas dentro de la planta y el suelo, limitando la eficacia de los agroquímicos únicamente al estado adulto. A esto se suma una emergencia en "pulsos" tras lluvias, lo que reduce la ventana de control efectivo a menos de 10 días.

Este escenario exige mayor tecnificación y monitoreo permanente, pilares fundamentales de las buenas prácticas agrícolas (BPA). Frente a este contexto, los especialistas recomiendan estrategias concretas:

  • Rotación de cultivos con gramíneas, para interrumpir el ciclo biológico del insecto.
  • Limpieza exhaustiva de maquinaria agrícola, principal vector de dispersión.
  • Monitoreo temprano en lotes, inspeccionando vainas y detectando larvas.

Estas acciones son fundamentales para preservar la sustentabilidad del sistema productivo y evitar mayores pérdidas económicas.

El avance del picudo negro representa un nuevo desafío para el agro argentino en un contexto ya condicionado por el cambio climático, la presión de costos y la volatilidad de precios de los granos.

Desde el INTA destacan la creación de redes de trabajo entre investigadores, extensionistas y productores, buscando respuestas coordinadas y eficientes frente a esta amenaza.

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