Sorpresa con sello argentino: el sorgo gana protagonismo y le disputa el mercado chino a Estados Unidos
Impulsado por nuevos usos industriales, precios en recuperación y una demanda firme de China, el sorgo argentino vive un giro inesperado y se consolida como un cultivo competitivo frente a Estados Unidos en el principal mercado importador del mundo.
El sorgo, históricamente relegado a un rol secundario dentro de la agricultura argentina, atraviesa un momento inesperado. En la campaña 2024/25, las importaciones chinas de sorgo desde la Argentina se ubicaron muy cerca de las provenientes de Estados Unidos, marcando un hito comercial para un cultivo que durante años fue visto solo como una alternativa defensiva frente al maíz.
El cambio se refleja con claridad en los precios. Hasta mediados de noviembre, el sorgo cotizaba en torno a los $220.000 por tonelada, pero en apenas un mes los valores treparon hasta los $250.000, con una mejora cercana al 12%, superando ampliamente la suba del maíz en el mismo período. Detrás de esta recuperación aparece un factor clave: las compras chinas, que avanzan a un ritmo inusualmente elevado.
De hecho, la actual campaña ya se posiciona como la tercera con mayores Declaraciones de Ventas al Exterior de sorgo de la historia, cuando todavía resta un tramo por comercializar. En la última campaña, las exportaciones argentinas alcanzaron 1,3 millones de toneladas, un volumen muy cercano al de Estados Unidos, algo impensado años atrás.
Durante mucho tiempo, el sorgo fue incorporado a la rotación solo en campañas secas o en lotes con limitaciones productivas para el maíz. También pesaban dudas comerciales, por la falta de cotizaciones públicas, la dependencia de embarques puntuales y un desarrollo genético más limitado. Ese escenario cambió de manera profunda.
Hoy existen híbridos más resistentes a plagas, con mayor potencial de rendimiento, y, sobre todo, una diversificación de usos que amplió el horizonte del cultivo. Además de su tradicional destino forrajero, el sorgo se incorporó a dietas humanas en distintos países y se transformó en una materia prima clave para bebidas alcohólicas, como el Baijiu, de consumo masivo en China. Incluso se utiliza para la elaboración de cerveza y otros productos industriales.
En el plano global, la producción de sorgo está concentrada en apenas diez países, que explican el 75% del total mundial. Estados Unidos lidera el ranking, seguido por Nigeria, Brasil, India y México, mientras que la Argentina ocupa el noveno lugar entre los principales productores. En comercio exterior, la concentración es aún mayor: Argentina, Estados Unidos y Australia explican el 97% de las exportaciones mundiales.
La producción global muestra una alta volatilidad, con oscilaciones entre 56 y 63 millones de toneladas en los últimos años. Para la campaña 2025/26, se estima un volumen cercano a 63 millones, con exportaciones globales del orden de 10 millones de toneladas. Del lado de la demanda, China, México, la Unión Europea y Japón concentran el 93% de las importaciones.
China es, por lejos, el principal comprador mundial. Su producción interna es limitada -entre 2,5 y 3 millones de toneladas- y debe complementar con importaciones que en los últimos años oscilaron entre 7 y 8 millones de toneladas, con un pico estimado de 7,6 millones para 2025. Aproximadamente el 70% del sorgo se destina a alimentación animal, mientras que el 30% restante se utiliza para consumo humano e industrial.
A nivel local, la producción argentina de sorgo también fue irregular. El máximo histórico se registró en la campaña 2010/11, con cerca de 4 millones de toneladas, mientras que el mínimo se dio en 2017/18, con apenas 1,5 millones. En la campaña 2024/25, la producción se ubicó algo por debajo de los 3 millones de toneladas, y para 2025/26 se proyecta una oferta total de 3,5 millones, con un stock final cercano a las 500.000 toneladas.
En términos económicos, el sorgo suele cotizar por debajo del maíz en el mercado interno, pero presenta ventajas comparativas clave: menor inversión inicial, costos más bajos de implantación y protección, y una mayor estabilidad de rindes en contextos de estrés hídrico. En campañas secas, incluso puede superar en márgenes a otros cultivos tradicionales.
Con una demanda china sostenida, precios que reaccionan y un abanico de usos que ya no se limita al corral, el sorgo dejó de ser un cultivo de descarte. La Argentina encontró en este grano una oportunidad concreta para diversificar exportaciones y disputar mercados de alto volumen. Un giro silencioso, pero con potencial estratégico para el agro y el ingreso de divisas.

