Agricultura

Vinos artesanales en Tinogasta: la familia que transformó un viñedo y creó una marca con identidad catamarqueña

Una familia que llegó desde Rosario apostó al vino de altura y, con apoyo del INTA, reconvirtió su finca en Tinogasta. Hoy producen más de 2.000 litros de vino artesanal por año y proyectan crecer.

A 1.500 metros de altura, en el clima árido y luminoso de Tinogasta, la familia Garibay encontró el espacio ideal para dar un giro productivo y personal. Lo que comenzó como una hectárea y media con variedades criollas se transformó, con el tiempo y el acompañamiento del INTA, en un proyecto vitivinícola que combina innovación, arraigo y valor agregado. Hoy elaboran más de 2.000 litros de vino artesanal por año bajo su marca Finca y Bodega La Dionisia.

La familia llegó desde Rosario, Santa Fe, y rápidamente advirtió el potencial del valle catamarqueño para el vino de altura. Tras iniciar con algunas plantas de malbec, avanzaron en un recambio varietal que resultó clave: incorporaron syrah y cabernet sauvignon, variedades de mayor potencial enológico y mejor adaptadas a las condiciones locales, lo que les permitió diversificar la producción hacia uva fresca, pasas y vinos de elaboración propia.

El asesoramiento técnico del INTA y el vínculo con el Centro de Desarrollo Vitivinícola (CDV) fueron determinantes para profesionalizar el manejo del viñedo. "Detectamos que el principal desafío era mejorar el viñedo. Trabajamos en la reposición de plantas, el manejo del riego y la elección de variedades con mayor potencial enológico", explicó Javier Oviedo, técnico de la Agencia de Extensión Rural Tinogasta. Ese proceso mejoró el rendimiento y abrió la puerta al verdadero diferencial: el agregado de valor.

Vinos artesanales en Tinogasta: la familia que transformó un viñedo y creó una marca con identidad catamarqueña

En 2023, la familia logró un hito esperado: embotellar su primer vino propio, un malbec artesanal que marca el inicio de una identidad productiva. "Ver la etiqueta de nuestro vino fue un momento de enorme orgullo. Detrás hay un esfuerzo económico y cotidiano muy grande", contó Lucrecia Garibay, quien además destacó que el mayor desafío sigue siendo la comercialización, un aspecto que lograron fortalecer gracias a redes con otros productores y al acompañamiento institucional. "La asistencia técnica del INTA y la municipalidad fue clave para que pudiéramos dar este paso", aseguró.

Con el proyecto ya consolidado, la familia proyecta ampliar la superficie cultivada, mejorar la calidad de los vinos y seguir posicionando su marca dentro del mapa vitivinícola de Catamarca. Su experiencia demuestra que, con acompañamiento técnico, trabajo sostenido y una visión de largo plazo, un pequeño viñedo puede convertirse en una iniciativa que impulsa el desarrollo local y potencia el valor de las economías regionales.

Agrolatam.com
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