Agricultura

Trigo: claves del INTA para elegir variedades y mejorar rindes en la nueva campaña

El INTA Marcos Juárez difundió pautas para elegir cultivares de trigo según ambiente, agua y manejo, con el objetivo de mejorar rindes y eficiencia.

AgroLatam Redacción
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De cara a la próxima campaña triguera en Argentina, especialistas del INTA Marcos Juárez difundieron recomendaciones para elegir variedades de trigo según ambiente, disponibilidad de agua y manejo agronómico, una decisión que será clave para mejorar rendimientos, eficiencia productiva y competitividad del cultivo.

Con la siembra a la vista en buena parte de la región pampeana, la elección de la genética aparece como uno de los factores estratégicos para el productor, especialmente en un contexto donde cada punto de rinde cuenta frente a los costos, las retenciones y la necesidad de mejorar la eficiencia del sistema.

Según explicaron desde INTA Marcos Juárez, la selección del cultivar debe contemplar potencial de rendimiento, perfil sanitario, calidad comercial y características agronómicas, variables que permiten definir la estrategia productiva de acuerdo con el ambiente donde se implantará el cultivo.

Dionisio Gómez, responsable de la Red Nacional de Ensayos de Trigo, explicó que el ambiente de producción es el primer filtro al momento de elegir una variedad.

En zonas de alto potencial productivo, los productores pueden priorizar variedades con mayor rendimiento. Sin embargo, en ambientes más restrictivos o marginales entran en juego otros factores agronómicos.

"En esos ambientes tenemos que lograr hacer un trigo más económico, reduciendo aplicaciones fúngicas y buscando materiales más altos, con mayor biomasa y mejor cobertura del suelo", señaló Gómez.

Esta estrategia permite bajar costos y mejorar la estabilidad del cultivo, algo clave en sistemas productivos donde la rentabilidad depende de ajustar cada variable del manejo.

Otro punto central en la planificación es el diagnóstico del ambiente al momento de la siembra, especialmente en lo referido al contenido hídrico del suelo.

En la región de Marcos Juárez, una de las zonas trigueras más representativas del país, el éxito del cultivo depende en gran medida del agua disponible en el perfil.

"Es fundamental medir el agua en el suelo antes de sembrar para estimar el rendimiento potencial y definir la fertilización adecuada", explicó el especialista.

Este análisis permite evitar sobrecostos en nutrientes cuando el potencial productivo es limitado, o bien potenciar la respuesta del cultivo cuando las condiciones son favorables.

La disponibilidad de agua también condiciona la estrategia de fertilización del trigo.

En condiciones normales, los especialistas recomiendan realizar la mayor parte de la fertilización antes de la siembra, dejando las aplicaciones posteriores como herramientas de ajuste.

Cuando se registran lluvias por encima de lo habitual, la estrategia puede incluir refertilizaciones durante el ciclo del cultivo para acompañar el mayor potencial de rendimiento.

Según Gómez, las aplicaciones al voleo o foliares funcionan como correcciones, especialmente cuando el clima genera condiciones productivas superiores a las previstas al inicio de la campaña.

En ambientes donde el rendimiento es limitado, la estrategia puede enfocarse en producir trigos de mayor calidad comercial, que permitan capturar mejores precios en el mercado.

Este enfoque cobra relevancia en un contexto donde la diferenciación por calidad puede aportar valor agregado, una discusión recurrente dentro del agro argentino frente a las restricciones comerciales y la competencia internacional.

Más allá de su aporte productivo, el trigo cumple un rol estratégico en la rotación agrícola.

El especialista del INTA destacó que el cultivo actúa como mejorador del suelo, gracias a su sistema radicular y a la generación de biomasa de lenta descomposición.

Esto permite incorporar cobertura, mejorar la estructura del suelo y favorecer la sustentabilidad del sistema productivo, un aspecto cada vez más valorado tanto por los productores como por los mercados internacionales.

Actualmente, el mercado argentino ofrece más de 70 variedades de trigo, lo que amplía el abanico de opciones para los productores.

La clave, según los especialistas, es adaptar la genética a la realidad del lote y al sistema productivo.

En sistemas bajo riego, se prefieren materiales de menor estatura y alto potencial de rendimiento. En cambio, en ambientes con limitaciones productivas, la elección suele inclinarse hacia variedades con mejor calidad comercial, que aseguren competitividad en el mercado.

Con costos ajustados y mercados cada vez más exigentes, la planificación agronómica vuelve a ocupar un rol central en la campaña triguera. Elegir correctamente la variedad, evaluar el agua disponible y ajustar la fertilización aparecen como decisiones clave para sostener la rentabilidad.

En un país donde el trigo sigue siendo una pieza clave de la rotación agrícola y de las agroexportaciones, la combinación de genética adaptada y manejo eficiente será determinante para aprovechar el potencial productivo del cultivo en la próxima campaña. 

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