Vendimia 2026: hay más uva, pero la vitivinicultura sigue al límite
La cosecha 2026 apunta a crecer hasta 10%, pero el clima extremo, el consumo flojo y los costos ajustados mantienen en vilo a toda la cadena.
El 9 de febrero de 2026, el Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) difundió estimaciones preliminares que proyectan una vendimia entre 5% y 10% mayor a la de 2025. Importa porque, aun con más uva en los viñedos, la actividad no logra despegar: la incertidumbre climática, el consumo retraído y márgenes al límite siguen condicionando decisiones productivas, empleo e inversiones en las economías regionales.
El dato, lejos de generar entusiasmo, se recibe con cautela entre productores, trabajadores y bodegas. La mejora en volumen no alcanza por sí sola para revertir un escenario que viene tenso desde hace varias campañas. A eso se suma un problema de base: la falta de información fina para anticipar cómo terminará siendo la cosecha.
"Hoy no hay una proyección certera porque se dejó de relevar sistemáticamente los viñedos", explicó Daniel Romero, secretario de prensa de la Federación de Obreros y Empleados Vitivinícolas y Afines (FOEVA). Según el dirigente, la tendencia de los últimos años fue a la baja, por lo que el resultado final dependerá del desarrollo efectivo de la cosecha y de cómo responda la planta en cada zona.
El sistema cooperativo se consolida como un pilar clave para sostener el empleo y la escala productiva en la vitivinicultura.
El clima vuelve a ser un factor decisivo. Olas de calor extremo, granizo, plagas y enfermedades marcaron 2025 y alteraron los tiempos de maduración, afectando rindes y calidad, especialmente en Mendoza y San Juan. "La vid es una planta noble, pero hoy está en una situación de vulnerabilidad permanente", advirtió Romero, al describir un escenario donde los eventos extremos dejaron de ser excepcionales.
Aunque surgen nuevas regiones vitivinícolas, el núcleo histórico sigue concentrado en Mendoza, San Juan, La Rioja y Salta, con realidades distintas pero un mismo trasfondo de incertidumbre. No se espera un salto productivo, sino estabilidad o leves caídas, dependiendo del territorio.
En ese contexto, el cooperativismo aparece como uno de los principales sostenes del sistema. Un informe de la Asociación de Cooperativas Vitivinícolas Argentinas (ACOVI) mostró que el modelo cooperativo aporta $184.430 millones en Valor Agregado, cerca del 30% de la industria vitivinícola mendocina. La actividad explica 12,4% del Producto Bruto Geográfico provincial y las cooperativas concentran 3,4%, con más de 10.000 empleos y $72.000 millones en salarios.
"Los datos confirman que la economía de escala es clave para enfrentar este momento", sostuvo Fabián Ruggieri, presidente de ACOVI. Desde la entidad remarcan que el cooperativismo otorga previsibilidad, permite integrarse a la cadena de valor y sostiene empleo en un contexto de alta volatilidad.
La vendimia sigue siendo, además, el período de mayor intensidad laboral, aunque la tecnificación avanza y reduce la demanda de mano de obra, un proceso asociado a costos impositivos elevados y a la incorporación de tecnología importada. El desafío pasa por equilibrar eficiencia, trabajo y rentabilidad.
Así, la vendimia 2026 vuelve a reflejar el pulso económico y social de una de las economías regionales más emblemáticas del país. Hay más uva, pero no alcanza para disipar las dudas. La clave estará en sostener el empleo, fortalecer los modelos asociativos y mejorar la previsibilidad para que el repunte productivo no quede solo en una estadística.

