Cultivos de verano: cuál resiste mejor cuando el agua se vuelve incierta
Maíz, sorgo, soja y maní respondieron distinto ante la falta de agua. Uno mostró mayor estabilidad y otro sufrió más frente a los extremos del clima.
El INTA San Luis difundió en septiembre los resultados de una investigación que comparó maíz, sorgo, soja y maní bajo diferentes condiciones de disponibilidad de agua en el centro de la Argentina. El trabajo, realizado durante dos campañas agrícolas y sobre ambientes húmedos, subhúmedos y semiáridos, encontró una diferencia con impacto directo sobre las decisiones productivas: el sorgo mostró la mayor estabilidad de rendimiento entre ambientes contrastantes, mientras el maní resultó el cultivo más sensible a las variaciones ambientales. La elección de especie y fecha de siembra puede, por lo tanto, modificar el riesgo económico de planteos de secano.
El estudio buscó ir más allá de determinar qué cultivo consigue el mayor rinde. Los investigadores analizaron cómo se construye ese rendimiento cuando cambia la oferta hídrica y radiativa, una cuestión decisiva para establecimientos donde el agua disponible puede variar fuertemente entre campañas. Para cubrir ese gradiente se utilizaron datos de los ciclos 2016/17 y 2017/18, con fechas de siembra tempranas y tardías y ensayos realizados en tres regiones. Se midieron rendimiento, biomasa aérea, índice de cosecha, número de granos y peso individual para identificar qué variables explicaban las diferencias observadas.
El sorgo ganó en estabilidad, pero el maíz mantuvo ventaja productiva
Los resultados mostraron una relación clara: a medida que aumentó la aridez y disminuyó la disponibilidad de agua, cayó el rendimiento en grano. En la mayoría de las especies, la producción de biomasa aérea fue el principal factor asociado a esas variaciones. Es decir, la capacidad del cultivo para sostener crecimiento y acumular materia seca frente a un ambiente restrictivo terminó condicionando buena parte del resultado. Para el productor, esto implica que una estrategia pensada exclusivamente alrededor del potencial máximo de rinde puede no ser necesariamente la que mejor amortigüe una campaña climáticamente adversa.
Dentro de esa comparación, el sorgo presentó la mayor estabilidad de rendimiento entre ambientes contrastantes, asociada a su adaptación a condiciones de elevada demanda evaporativa y menor disponibilidad hídrica. Pero el resultado necesita una aclaración importante: mayor estabilidad no significó mayor productividad. Según los investigadores, el rendimiento del sorgo se ubicó generalmente por debajo del alcanzado por el maíz utilizado como comparación. La decisión agronómica plantea así un intercambio concreto entre potencial productivo y capacidad para sostener resultados cuando el agua se convierte en la principal limitante.
El maní quedó en el otro extremo. Maximiliano Riglos, investigador del Grupo de Producción Agrícola del INTA San Luis, explicó que fue la especie con mayor sensibilidad ambiental. Las pérdidas aparecieron tanto bajo condiciones de aridez extrema durante su período crítico como ante excesos hídricos o bajas temperaturas durante el llenado de grano. El resultado muestra que el riesgo no proviene solamente de la sequía: demasiada agua o temperaturas desfavorables en momentos determinantes también pueden comprometer la construcción del rendimiento.
La fecha de siembra puede cambiar la ecuación productiva
La investigación deja una consecuencia práctica para los sistemas de secano: no existe una única estrategia agronómica capaz de responder igual en todos los ambientes. Maíz, sorgo, soja y maní utilizan mecanismos diferentes para construir rendimiento frente al estrés, por lo que trasladar una misma receta entre regiones húmedas, subhúmedas y semiáridas puede aumentar la exposición productiva. La fecha de siembra aparece además como una herramienta para intentar sincronizar los períodos de mayor demanda del cultivo con momentos de mejor disponibilidad de agua y radiación.
"Las especies emplean estrategias distintas para generar rendimiento bajo estrés", explicó Riglos. A partir de esa diferencia, el investigador sostuvo que resulta necesario diseñar prácticas agronómicas específicas y ajustar la oferta local de recursos a la demanda de cada especie y región. La conclusión cambia el enfoque de la decisión: no se trata simplemente de identificar qué cultivo rinde más, sino de evaluar qué combinación entre ambiente, agua disponible, fecha de implantación y especie ofrece una relación más conveniente entre productividad y riesgo.
Para los planteos de secano, esa diferencia también tiene una lectura económica. Un cultivo con mayor techo productivo puede resultar atractivo en ambientes favorables, pero también exponer al establecimiento a una variabilidad mayor cuando las lluvias no acompañan. El sorgo mostró capacidad para amortiguar esas diferencias ambientales, aunque resignando productividad frente al maíz, mientras que el maní exigió condiciones más ajustadas para sostener su rendimiento. El estudio aporta así una herramienta concreta para decidir antes de sembrar dónde buscar potencial y dónde priorizar estabilidad.

