Agricultura

Forraje en Entre Ríos: genética adaptada suma hasta 10% sin elevar costos

Elegir cultivares adaptados a los vertisoles permite producir hasta 10% más forraje sin encarecer la semilla y mejora la ecuación ganadera entrerriana.

Ignacio Rivero
Periodista especializado en agroindustria del Cono Sur. Analiza políticas públicas, mercados, infraestructura y cadenas de valor del sector agroalimentario.

La elección de cultivares adaptados a los suelos vertisoles puede incrementar entre 5% y 10% la producción de forraje en Entre Ríos sin aumentar el costo de la semilla, según los resultados difundidos en agosto por especialistas del INTA Concepción del Uruguay, que trabajan desde hace más de dos décadas sobre estos ambientes. El dato importa directamente para la economía ganadera: permite capturar más producción con una decisión tecnológica que no exige una inversión adicional y que puede traducirse en una mayor oferta de alimento por hectárea, un aspecto decisivo para mejorar la eficiencia de los planteos de carne.

Entre Ríos tiene una dificultad estructural que condiciona buena parte de sus sistemas pastoriles: la presencia de vertisoles, caracterizados por un elevado contenido de arcillas expandibles y limitaciones físicas que afectan el desarrollo de las pasturas. Sin embargo, el problema no necesariamente se resuelve gastando más, sino eligiendo mejor la genética que se implanta. Alejo Re, profesional del INTA Concepción del Uruguay, explicó que estos ambientes también ofrecen oportunidades cuando las decisiones tecnológicas se ajustan a las características locales. Según el especialista, un cultivar correctamente seleccionado puede rendir entre 5% y 10% por encima del promedio.

Más kilos de forraje para mejorar la cuenta ganadera

El impacto económico aparece justamente en ese diferencial. De acuerdo con Re, se trata de una tecnología de "costo cero" para el productor porque el precio de la semilla es similar, mientras que la respuesta productiva puede ser considerable. En los campos entrerrianos predominan especies conocidas, como alfalfa, tréboles, lotus, festuca, raigrás y cebadilla, pero el trabajo técnico indica que definir solamente la especie ya no alcanza. La elección del cultivar y su manejo pasan a ser variables centrales para capturar el potencial disponible, especialmente en ambientes donde las condiciones del suelo ponen un techo más bajo a los errores agronómicos.

Forraje en Entre Ríos: genética adaptada suma hasta 10% sin elevar costos

Para generar esa información, el INTA participa de redes nacionales de evaluación que incluyen más de diez localidades y analiza el comportamiento de materiales de alfalfa, raigrás anual y festuca bajo condiciones productivas concretas. Re remarcó que en ambientes complejos como los vertisoles, ajustar el cultivar puede ser una decisión sencilla y de fuerte impacto productivo. La experiencia también sale de las parcelas experimentales y llega al campo: el organismo desarrolla módulos demostrativos donde combina especies, genética, fechas de siembra, mezclas y estrategias de manejo, buscando que los resultados puedan incorporarse a planteos ganaderos comerciales.

La prueba más contundente aparece cuando el forraje se convierte en carne. Según detalló el especialista del INTA, desde hace más de 15 años se realizan evaluaciones en sistemas de recría y engorde con bases forrajeras diversificadas, integradas por pasturas perennes y verdeos de invierno y verano. Estos planteos llegaron a producciones cercanas a los 450 kilos de carne por hectárea por año, exclusivamente a pasto. En un negocio donde el costo de alimentación condiciona márgenes y competitividad, aumentar la cantidad y estabilidad del recurso forrajero permite mejorar la utilización de la superficie y reducir la exposición a sistemas más dependientes de insumos externos.

El otro punto central es la estabilidad. Las precipitaciones generan diferencias entre campañas, pero la diversificación de recursos y un manejo adecuado ayudan a amortiguar los años adversos, señaló Re. Por eso, el INTA Concepción del Uruguay complementa la investigación con jornadas, charlas y recorridas junto a productores para transferir tecnologías ya validadas. La oportunidad para la ganadería entrerriana pasa por producir más con los mismos recursos y ajustar decisiones antes que sumar costos. En ese escenario, la genética adaptada deja de ser un detalle dentro de la implantación: puede convertirse en una herramienta concreta para ganar eficiencia, sostener producción y mejorar el resultado económico por hectárea.

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