El Niño vuelve a encender alertas: los excesos de agua avanzan sobre el campo
Los perfiles están al límite en regiones productivas y hay excedentes de hasta 80 mm. Nuevas precipitaciones elevan el riesgo para cultivos y ganadería.
Las lluvias registradas durante la última semana dejaron suelos saturados y excedentes hídricos en sectores productivos de Buenos Aires, Entre Ríos y el Litoral, según los relevamientos difundidos por el INTA al 12 de agosto. El escenario cobra especial importancia porque varias zonas recibirían nuevas precipitaciones con perfiles que ya tienen escasa capacidad para incorporar más agua. Mientras trigo y cebada mantienen perspectivas favorables, el exceso empieza a convertirse en un factor de riesgo para la transitabilidad de los lotes, el manejo de los cultivos y la ganadería ubicada en áreas bajas cercanas a ríos y afluentes.
En el norte y noreste de Buenos Aires, los eventos más importantes de la última semana acumularon entre 53 y 75 milímetros, mientras que otras áreas de la región Pampeana, el NEA y el noroeste de la Patagonia también recibieron precipitaciones superiores a las esperadas para esta época. El mapa de agua útil muestra un fuerte contraste territorial: sobre buena parte del este, los contenidos se encuentran próximos al máximo que puede almacenar el perfil, mientras hacia el oeste todavía predominan reservas inferiores. En determinados sectores occidentales, incluso, el agua útil permanece por debajo del 10%, una señal de que el panorama hídrico dista de ser homogéneo.
Hasta 80 milímetros de exceso y una campaña que empieza a mirar el cielo
La evolución reciente confirma que el problema ya no pasa solamente por cuánto llueve, sino por cuánta agua adicional pueden recibir los suelos. Frente al período anterior, las reservas disponibles hasta dos metros de profundidad aumentaron hasta 30 milímetros en amplios sectores del centro, este y sur, y superaron esa marca en puntos del sudeste bonaerense y del Litoral. Al mismo tiempo, los excedentes se concentran principalmente en Corrientes, Entre Ríos y el este de Buenos Aires, donde los registros alcanzan localmente entre 40 y 80 milímetros. En el resto de la región predominan situaciones sin excesos o episodios leves y localizados.
Para los cultivos de invierno, la abundante disponibilidad hídrica todavía ofrece una base favorable. Trigo y cebada conservan buenas perspectivas productivas, aunque una continuidad de las precipitaciones podría cambiar rápidamente el balance. Cuando el perfil alcanza su capacidad máxima, el agua adicional tiene menos posibilidades de infiltrarse y aumenta el escurrimiento, los anegamientos y las dificultades para transitar dentro de los establecimientos. Esa situación puede impedir el ingreso de maquinaria, demorar aplicaciones y otras labores, y afectar el desarrollo normal de los cultivos. El desafío pasa así de conservar humedad a administrar potenciales excesos durante momentos decisivos de la campaña.
El noreste suma otra variable de atención. Corrientes y Misiones recibieron lluvias abundantes y mantienen la mirada sobre el comportamiento de los ríos Uruguay e Iguazú, ante la posibilidad de nuevas crecidas. Para la ganadería, una expansión del agua sobre zonas bajas o campos próximos a cursos y afluentes puede traducirse en pérdida temporal de superficie de pastoreo, dificultades de acceso y necesidad de movilizar hacienda. La situación obliga a seguir no sólo los milímetros previstos, sino también la respuesta de las cuencas y los niveles de los ríos, especialmente en establecimientos donde la saturación previa reduce el margen para absorber nuevos eventos.
El escenario hídrico deja así dos realidades simultáneas. Mientras algunas regiones todavía presentan reservas moderadas o bajas, buena parte del este productivo enfrenta perfiles prácticamente completos y sectores con agua excedente. En ese contexto, la posible consolidación de condiciones asociadas a El Niño adquiere especial relevancia para lo que resta de la campaña. La disponibilidad de humedad constituye una ventaja para los cultivos mientras se mantenga dentro de niveles manejables; pero una sucesión de lluvias sobre suelos saturados puede convertir rápidamente ese activo en un problema productivo. Las próximas precipitaciones serán determinantes para saber de qué lado queda finalmente la balanza.

