Maíz en Chicago: tocó un máximo de 19 meses y abre una oportunidad para Argentina
Chicago volvió a poner al maíz en el centro del mercado: menor cosecha en EE.UU. y problemas en Europa y Ucrania mejoran el escenario argentino.
El maíz alcanzó este lunes 24 de agosto su valor más alto en un año y siete meses en la Bolsa de Chicago, donde la posición septiembre terminó en US$193,50 por tonelada, con una suba de US$3,05. El movimiento estuvo impulsado por las dudas sobre el verdadero tamaño de la cosecha estadounidense, los problemas productivos de la Unión Europea y las dificultades para sacar granos desde Ucrania. Para la Argentina, uno de los grandes exportadores mundiales del cereal, la señal importa: una oferta internacional más ajustada puede sostener precios y mejorar las oportunidades comerciales de la nueva campaña.
La principal chispa alcista llegó desde Estados Unidos. Pro Farmer estimó, después de recorrer las principales regiones agrícolas, una cosecha estadounidense 2026/27 de 389,75 millones de toneladas de maíz, casi 17 millones menos que los 406,75 millones previstos por el Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA). La brecha está fundamentalmente en los rindes: Pro Farmer calculó 108,71 quintales por hectárea frente a los 113,42 previstos por el organismo oficial. La propia organización confirmó el 21 de agosto una estimación de 15.344 millones de bushels y un rinde de 173,2 bushels por acre.
Las recorridas mostraron además un mapa productivo estadounidense mucho menos homogéneo de lo que sugerían las primeras expectativas. Dakota del Sur y Nebraska registraron restricciones de humedad, mientras que zonas de Ohio, Indiana e Illinois quedaron condicionadas por excesos hídricos. La discusión dejó de estar centrada solamente en una cosecha grande y pasó a concentrarse en cuánto de ese potencial llegará efectivamente a los silos. Un análisis de CREA también destacó que la estimación de Pro Farmer quedó unos 16,9 millones de toneladas por debajo de la última proyección oficial del USDA.
Menos maíz disponible cambia el tablero para la Argentina
La presión sobre la oferta no termina en Estados Unidos. El servicio de monitoreo agrícola MARS de la Comisión Europea redujo por segundo mes consecutivo sus expectativas de rendimiento para el maíz destinado a grano, ante el impacto de las altas temperaturas y la falta de humedad en diferentes regiones productivas. El cálculo descendió de 6,93 a 6,61 toneladas por hectárea y quedó además por debajo del promedio de los últimos cinco años. Una cosecha europea más débil podría traducirse en mayores necesidades de importación y modificar los flujos comerciales durante el ciclo 2026/27.
A esa situación se suma la incertidumbre sobre Ucrania, uno de los abastecedores relevantes del mercado europeo. Los problemas de seguridad y las interrupciones que afectan la infraestructura vinculada con los embarques del Mar Negro mantienen bajo observación la capacidad exportadora del país. Una combinación de menor producción europea y dificultades para movilizar el cereal ucraniano podría generar espacios adicionales para proveedores alternativos, entre ellos la Argentina y Brasil, que vuelven a competir por destinos donde la disponibilidad, el precio y la confiabilidad logística resultan determinantes.
Para el agro argentino, ese escenario merece atención. Argentina puede encontrar una ventana comercial si Europa necesita importar más cereal y Ucrania pierde capacidad para abastecerla, aunque capturar mejores precios internacionales dependerá también de la competitividad interna, la logística portuaria, los costos de transporte y la carga tributaria. En un mercado donde Brasil amplió fuertemente su presencia exportadora durante los últimos años, una menor disponibilidad estadounidense vuelve todavía más relevante la competencia sudamericana. El precio externo ayuda, pero no elimina las diferencias estructurales que determinan quién aprovecha finalmente cada oportunidad.
El mercado, de todos modos, no tiene asegurada una escalada permanente. El USDA informó embarques semanales estadounidenses de maíz por 1.296.271 toneladas, frente a las 1.944.870 toneladas del reporte anterior. Al mismo tiempo, los mejores precios estimularon ventas de mercadería disponible y limitaron parte de la mejora de Chicago. El mercado empieza así a medir dos fuerzas: una cosecha potencialmente menor sostiene las cotizaciones, mientras que valores más atractivos incentivan ventas y pueden encontrar resistencia comercial. Para el productor argentino, la volatilidad refuerza la importancia de administrar márgenes y coberturas.
La soja tomó el camino contrario y vuelve a encender una alerta
Mientras el maíz avanzó, la soja terminó con pérdidas. La posición septiembre retrocedió US$3,31 y cerró en US$446,80 por tonelada, mientras noviembre bajó US$5,61 hasta US$449,83. Otra vez, los datos de Pro Farmer estuvieron en el centro de la rueda, aunque esta vez jugaron en contra de las cotizaciones. La entidad proyectó una cosecha estadounidense de 124,43 millones de toneladas, por encima de los 122,99 millones estimados por el USDA, y calculó un rendimiento promedio de 35,84 quintales por hectárea frente a los 35,44 previstos oficialmente.
El aceite de soja también sufrió una fuerte corrección: septiembre perdió US$48,95 y terminó en US$1479,93 por tonelada. Entre los factores que siguieron los operadores apareció la política estadounidense de biocombustibles y el tratamiento comercial otorgado al aceite de canola importado desde Canadá. La harina de soja mostró el movimiento contrario y ganó US$2,87, hasta US$353,07 por tonelada. Una menor disponibilidad relativa de maíz podría favorecer la demanda de otros componentes utilizados en alimentación animal, un dato especialmente relevante para la Argentina por su peso internacional en el complejo industrial de la soja.
El tablero que deja Chicago resulta, entonces, dispar para nuestro país: el maíz encuentra fundamentos internacionales más constructivos, mientras la soja enfrenta la presión de una posible cosecha récord estadounidense. Los rindes finales en Estados Unidos, la producción europea y la evolución de los embarques desde el Mar Negro marcarán el pulso de las próximas semanas. Para la Argentina, la oportunidad no depende únicamente de esperar mejores cotizaciones: en la competencia con Brasil y otros exportadores, la capacidad logística, las reglas comerciales y el agregado de valor serán claves para transformar el escenario internacional en mejores negocios para la cadena local.

