Mercado granos

USDA enfría a los granos y Argentina acelera ventas ante un mercado más tenso

El USDA moderó las expectativas alcistas para maíz y soja, pero Argentina encuentra oportunidades exportadoras y acelera negocios ante buenos precios.

Ana Sofía Pineda
Redactora especializada en agricultura en América Latina. Cubre actualidad agropecuaria, política rural, innovación y comercio agroalimentario, con foco en el impacto regional de las decisiones productivas y regulatorias.

El 14 de septiembre, el mercado internacional de granos recibió una señal menos alcista de la esperada desde Estados Unidos: el USDA recortó menos de lo previsto su estimación de producción de maíz y aumentó la de soja, desatando una toma de ganancias después de varias semanas de apuestas compradoras de los fondos. El dato importa especialmente para la Argentina porque llega cuando los productores aceleran la comercialización de maíz, mientras la soja avanza con mayor cautela. Con una oferta global que sigue ajustada en algunos productos, los precios vuelven a poner en primer plano la estrategia comercial de la campaña 2026/27.

En maíz, el organismo estadounidense redujo su cálculo de producción a 401,3 millones de toneladas, 5,4 millones menos que en la estimación anterior, un ajuste bastante menor que los 16 millones que había sugerido el Pro Farmer Crop Tour. Los stocks finales estadounidenses quedaron en 39,8 millones de toneladas, pero la comparación interanual sigue mostrando un escenario más ajustado: la cosecha sería 30 millones de toneladas inferior y las existencias caerían 12,5 millones. A escala mundial, los stocks finales de maíz 2026/27 bajarían hasta 272,1 millones de toneladas, casi 30 millones menos que durante el ciclo precedente.

El maíz se convirtió en uno de los protagonistas del negocio agrícola argentino, con una fuerte cosecha y mayor ritmo de comercialización.

Argentina aprovecha el maíz mientras Brasil presiona sobre el negocio de soja

Para el productor argentino, la señal más significativa aparece en la comercialización. Las operaciones de maíz con precio alcanzaron 1,4 millones de toneladas al 10 de septiembre, prácticamente el doble del ritmo habitual para esta altura del año. Ya tiene precio el 57% del cereal, contra 42% de la campaña pasada y 51% del promedio histórico. A esto se suman 34,4 millones de toneladas declaradas para exportación y ventas anticipadas de la campaña 2026/27 cercanas a 3,3 millones. Los valores actuales están llevando al productor a capturar precio en maíz con mucha mayor decisión que en soja, ante un mercado internacional todavía ajustado.

La oportunidad también aparece por el lado de la producción y las exportaciones. Las últimas proyecciones ubican la cosecha argentina de maíz 2026/27 entre 67,5 y 70,5 millones de toneladas, por encima de cálculos anteriores. A la vez, entre agosto y septiembre los embarques podrían alcanzar un récord de 10 millones de toneladas, frente a unos 3 millones habituales para ese período. Los problemas logísticos de Ucrania y la sequía europea están alimentando la demanda del norte de África. Para la Argentina, cualquier pérdida de competitividad de otros proveedores abre una ventana comercial, aunque aprovecharla dependerá también de costos, logística y condiciones internas.

China continúa definiendo buena parte de los flujos mundiales de soja, mientras Argentina compite con Brasil y Estados Unidos por los principales mercados.

China continúa definiendo buena parte de los flujos mundiales de soja, mientras Argentina compite con Brasil y Estados Unidos por los principales mercados.

La soja presenta un tablero diferente. China mantiene compras importantes en Estados Unidos, mientras Brasil continúa ganando protagonismo en el abastecimiento asiático. Para septiembre, las exportaciones brasileñas fueron proyectadas en 7,7 millones de toneladas, superando los 6,97 millones del mismo mes del año pasado, con el gigante asiático como destino central. Estados Unidos, por su parte, tendría una cosecha de 123,42 millones de toneladas y stocks finales de 8,4 millones. Argentina queda así obligada a mirar de reojo la competencia brasileña y la relación comercial entre Washington y Beijing, que puede alterar rápidamente los flujos mundiales.

En el mercado argentino, las fijaciones semanales de soja llegaron a 1,1 millones de toneladas al 10 de septiembre, casi el doble de lo habitual, aunque solamente el 42% de la producción tiene precio, frente a un promedio histórico de 44%. Para 2026/27 se proyectan unas 17 millones de hectáreas sembradas, con un incremento interanual cercano a 200.000 hectáreas. Parte de ese avance podría darse en zonas donde el maíz perdió atractivo por los problemas sanitarios vinculados con la chicharrita. Pese a precios interesantes frente a los costos, el productor continúa mostrando mayor predisposición a cerrar negocios de maíz que de soja.

Trigo argentino: la oportunidad que puede dejar el Mar Negro

El trigo suma otra pieza al tablero. Los stocks mundiales 2026/27 fueron elevados a 276,3 millones de toneladas, aunque el dato no necesariamente implica una presión bajista equivalente sobre los precios. Rusia y Ucrania reducirían sus exportaciones combinadas a 55,5 millones de toneladas debido, entre otros factores, a dificultades bélicas y logísticas. Para Argentina esto puede convertirse en una oportunidad: si el Mar Negro pierde capacidad de abastecimiento, compradores internacionales deberán buscar cereal en otros orígenes, justo cuando el país todavía conserva un importante volumen de la campaña anterior sin comercializar.

Las condiciones productivas también acompañan. Cerca del 95,9% del trigo argentino se encuentra entre normal y excelente, mientras el 89% del área presenta humedad adecuada u óptima. La estimación de cosecha 2026/27 subió hasta 21 millones de toneladas. El desafío está en la comercialización: de la campaña anterior se vendió a precio el 74% de la producción, por debajo del 82% habitual, dejando unas 6 millones de toneladas todavía en manos de productores. Una mayor demanda externa sería clave para evitar que la llegada de la nueva cosecha genere presión sobre las cotizaciones y para transformar la menor oferta del Mar Negro en una ventaja exportadora concreta.

El nuevo mapa, en definitiva, es menos alcista de lo que esperaba el mercado, pero está lejos de mostrar abundancia en todos los granos. Argentina llega con una producción de maíz en expansión, buenas perspectivas para trigo y una soja sometida a la fuerte competencia brasileña, mientras China sigue siendo decisiva para definir el destino de los flujos comerciales. La volatilidad geopolítica, el petróleo y las tasas estadounidenses agregan incertidumbre. Para el agro local, el desafío vuelve a ser conocido: capturar los buenos precios cuando aparecen y convertir las oportunidades internacionales en exportaciones antes de que el mercado vuelva a cambiar.

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