Bioinsumos

Bioherbicidas: el desafío que define si una innovación puede llegar realmente al campo

Nuevos bioherbicidas avanzan contra malezas resistentes, pero formulación, escala industrial y aplicación definen ahora su verdadero salto al campo.

Luis Ernesto Delgado
Redactor con base en EE.UU. que cubre mercados agrícolas, comercio agroalimentario y políticas públicas con foco internacional.

La investigación en bioherbicidas está entrando en una nueva etapa en 2026: ante el avance global de las malezas resistentes, científicos y desarrolladores trabajan con microorganismos y metabolitos naturales capaces de aportar nuevos mecanismos de control, pero el principal desafío aparece después del laboratorio. Con más de 270 especies de malezas que han desarrollado resistencia a uno o más modos de acción herbicida, según datos citados en investigaciones del sector, convertir esos activos biológicos en soluciones estables, escalables, competitivas y sencillas de aplicar se vuelve decisivo para que puedan incorporarse realmente a los sistemas agrícolas.

Los avances en microbiología, genómica y análisis de productos naturales permitieron ampliar considerablemente la búsqueda de microorganismos con actividad sobre malezas. Sin embargo, obtener buenos resultados en laboratorio o invernadero no garantiza el éxito en condiciones comerciales. Para llegar al productor, un activo debe poder fabricarse a escala industrial manteniendo una calidad consistente, conservar su actividad durante almacenamiento y transporte, ofrecer una vida útil adecuada y, especialmente, integrarse a las operaciones habituales del campo sin generar costos o dificultades que terminen frenando su adopción.

Uno de los casos que permite observar este desafío es Phoma macrostoma, un hongo presente naturalmente en el suelo que ha sido estudiado por su potencial para el control de determinadas malezas de hoja ancha. El microorganismo produce metabolitos secundarios capaces de interferir en la biosíntesis de carotenoides de plantas susceptibles. Al alterarse ese proceso, disminuye la protección de la clorofila frente al daño fotooxidativo, aparecen tejidos blanquecinos característicos y posteriormente se afecta la fotosíntesis. Su particular mecanismo lo convirtió en un caso de interés para analizar nuevas herramientas de manejo.

 Phoma macrostoma cultivado en laboratorio. Este hongo de suelo es estudiado por su potencial para el control biológico de determinadas malezas de hoja ancha.googletag.cmd.push(function(){googletag.display('banner_nota_300x250_2')});

 Phoma macrostoma cultivado en laboratorio. Este hongo de suelo es estudiado por su potencial para el control biológico de determinadas malezas de hoja ancha.

Del laboratorio al lote: la formulación se convierte en una pieza decisiva

La experiencia con este microorganismo también mostró dónde pueden aparecer las dificultades. Aunque su actividad biológica había despertado interés e incluso el desarrollo llegó anteriormente a instancias regulatorias en Norteamérica, la forma de llevar el activo hasta la maleza se convirtió en una limitante práctica. Las formulaciones granulares requieren una distribución uniforme, pueden depender de condiciones ambientales y humedad para su activación y, cuando necesitan altos volúmenes por superficie, incrementan los requerimientos de almacenamiento, transporte y manipulación. Para grandes extensiones agrícolas, esas variables pueden resultar determinantes.

La reformulación del sistema permitió avanzar desde una presentación granular hacia una formulación líquida concentrada y con partículas de menor tamaño, diseñada para facilitar una distribución más homogénea mediante equipos de pulverización. El cambio apunta a resolver una pregunta que será cada vez más importante para los biológicos: ¿puede una nueva tecnología utilizarse con la infraestructura que el productor ya tiene? En sistemas extensivos de América Latina, donde la capacidad operativa y la eficiencia por hectárea resultan fundamentales, la compatibilidad con pulverizadores convencionales puede influir directamente sobre la posibilidad de adopción.

De gránulos a líquido: comparación entre una formulación granular (izquierda) y una formulación líquida con menor tamaño de partícula (derecha), desarrollada para facilitar la aplicación del activo biológico.

De gránulos a líquido: comparación entre una formulación granular (izquierda) y una formulación líquida con menor tamaño de partícula (derecha), desarrollada para facilitar la aplicación del activo biológico.

Los ensayos reportados para P. macrostoma aportan además otra señal relevante: la formulación puede influir sobre el desempeño agronómico y no solamente sobre la conservación del producto. En las comparaciones realizadas durante varias semanas, la formulación líquida mostró una mayor reducción de biomasa y una inhibición más efectiva de la germinación frente al formato granular anterior. Los resultados corresponden específicamente a este desarrollo y no deben extrapolarse a todos los bioherbicidas, pero muestran hasta qué punto el sistema utilizado para entregar un activo biológico puede modificar su interacción con el objetivo.

Evolución durante cuatro semanas del ensayo con Phoma macrostoma: control sin tratar (arriba), formulación líquida (centro) y formulación granular (abajo).

Evolución durante cuatro semanas del ensayo con Phoma macrostoma: control sin tratar (arriba), formulación líquida (centro) y formulación granular (abajo).

Para América Latina, esta discusión adquiere especial importancia por la escala de sus sistemas agrícolas. Brasil, Argentina, Paraguay, Uruguay y otros mercados de la región combinan grandes superficies productivas con una elevada capacidad operativa, por lo que una tecnología biológica necesita demostrar no sólo eficacia, sino también estabilidad, facilidad de almacenamiento, compatibilidad de aplicación y costos competitivos por hectárea. Una innovación que demande equipamiento específico, volúmenes difíciles de transportar o procesos adicionales puede encontrar obstáculos para alcanzar una utilización masiva, independientemente de sus resultados iniciales en condiciones controladas.

La próxima frontera de los bioherbicidas podría estar, por lo tanto, tanto en los laboratorios de microbiología como en las plantas de fermentación y formulación. Descubrir nuevos microorganismos seguirá siendo fundamental, pero escalarlos industrialmente y convertirlos en productos compatibles con la agricultura real será igualmente determinante. Fermentación, estabilidad, concentración, vida útil, logística, costos y sistemas de aplicación están pasando a formar parte de la propia innovación biológica. En una agricultura que necesita nuevas herramientas frente a las malezas resistentes, el desafío ya no consiste solamente en encontrar qué funciona, sino en conseguir que pueda funcionar a escala en el lote.

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